El valor del agua en las diferentes civilizaciones

Las distintas civilizaciones han considerado el agua como el auténtico eje de desarrollo de todo su entramado urbano y humano. Y por supuesto espiritual.

El uso recreativo espiritual y recreativo del agua es percibido como una consecuencia de la propia cosmovisión de la élite social y del pueblo.

Los baños romanos, en sus famosas termas y baños públicos, estaban divididos en caldarium, tepidarium, frigidarium ( estancias calientes, templadas y frías), y se  consideraban como lugares para sus reuniones de carácter social.

Baños romanos en Inglaterra (Bath)/Wikipedia

Los romanos se bañaban por inmersión, lo que significa que tenían un sentido lúdico del baño. El agua se relacionaba con el reposo, el disfrute y la higiene.

Las célebres termas, que posteriormente y en parte heredarían el mundo islámico, estaban destinadas al cuidado corporal, como se han documentado en esas termas de frontera, donde se podía encontrar hasta gimnasios para la práctica deportiva, a la que los romanos daban una gran importancia.

Desde luego que el diseño de las termas se realizaba según su función. Los  gobernadores romanos, especialmente los de época imperial, construyeron inmensos baños donde la población acudía con cierta regularidad y el acceso era gratuito.

Las grandes ciudades romanas se situaban en torno a  las “venas de agua”. Es así en las urbes peninsulares, especialmente en el mundo Mediterráneo. Tal es el caso de Sevilla, donde el Guadalquivir estaba salpicado de norias o aljibes para el abastecimiento del agua. También se construían impresionantes acueductos dedicados a la distribución del agua, de tal manera que se puede calificar como de una civilización basada en la ingeniería del agua.


El gran heredero de Roma, el mundo islámico, concibió el agua de un modo bastante diferente. Para los musulmanes el sentido de ritualidad en su existencia era esencial, ya que el agua es el componente necesario para realizar las abluciones o purificación ritual durante 5 veces al día.

Esto es esencial, mientras que en las termas romanas había un componente lúdico- social muy vasto, en el Islam pasa a ser ritual, acompañado con un prolífico complejo de ingenieria a través de obras complicadas de acequias, norias y todo tipo de surtidores y acequias con destino a las prolíficas huertas y las urbes, que ya contaban con un sistema de alcantarillado.

Estamos hablando en definitiva de un uso público del agua, pero con un fin de carácter espiritual, es decir, el objeto principal era el de la purificación y por supuesto el de la higiene, además de los componentes puramente utilitarios.

Baños árabes del Palacio de Villadompardo, en Jaén/Wikipedia

Es bien sabido que los hamam islámicos proliferaron en todo tipo de barrios y espacios urbanos, donde esta civilización se asentó con fuerza y admiración. Es por eso que en las mentalidades de aquellos que profesan el islam consideren el agua como la propia esencia material de sus creencias, ya que de un modo simbólico se obtiene la purificación corporal y espiritual.

El cuidado de las acequias, que iban desde las estepas asiáticas a los confines de Europa, dan buen cuenta de ello.

Un buen ejemplo lo tenemos en Granada. La ciudad palatina de la Alhambra está estructurada no en torno a un eje topográfico preciso o (necesariamente) en un paso estratégico cercano a un río, sino que que lo hace en torno a una acequia, conocida como acequia real, que es la que atraviesa la propia ciudad, dotando de aguas al interior de las estancias del complejo real.

Respecto a las gigantescas termas romanas, auténticos centros sociales y lúdicos aptos para la inmersión, pasamos a los baños propios de la civilización islámica, donde las estancias parecen arcanos, tanto en su estructura de arcos y columnas como en su decoración geométrica, de carácter más esencial, puramente simbólico, donde proliferan estrellas, rombos, cuadrados, y cúpulas iluminadas por  lucernarios a  través de los cuales caen chorros de luz que se esparcen por las estancias.
J.l

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