Bashar al Asad Erdogan japón en el ártico genocidio yazidí ser miembro del isis arda turan

¿Se pueden creer la pretensiones de Erdogan sobre la conspiración del golpe de Estado?
¿Habría aceptado el presidente Obama una invitación para hablar en la fiesta de cumpleaños de Bin Laden?

Lo pregunto porque en 2013 escuché al presidente de Turquía Erdogan hablar en una sofisticada cena de Ramadán "Cena de la Amistad" impulsada por el Centro Cultural Turco de Nueva York.

El Centro, una creación del clérigo autoexiliado Gülen, llevó a cabo este evento anual para cientos de invitados de todas las religiones en el salón de baile Waldorf Astoria. Como de costumbre, prominentes clérigos cristianos y judíos asistieron y alabaron la perspectiva moderada y ecuménica de la organización.

 Ahora, sólo tres años después, Erdogan acusa a Gülen de encabezar una organización terrorista y de diseñar el fallido golpe militar del mes pasado. Me pregunto si  Erdogan cree que Gülen era un terrorista, ¿por qué accedió a hablar en el Waldorf Astoria?

Tres posibilidades me vienen a la mente:

Una, Gülen es un líder terrorista tan inteligente que su objetivo secreto de hacerse cargo del Estado turco era desconocido por Erdogan en el 2013, a pesar de que su organización Hizmet había sido económicamente y educativamente activa durante más de treinta años.

Dos, miles de seguidores de Gülen, que ahora están siendo purgados de sus empleos y negocios a través de Turquía, aún no se habían radicalizado como terroristas.

Y tres, Erdogan ha marcado a los seguidores de Gülen como terroristas sólo después de que los dos hombres tuvieran una disputa, no el propio Gülen, y los seguidores de este acusaran a Erdogan de buscar el control dictatorial de Turquía.

La primera posibilidad nos habla de un nivel sin precedentes de complot y secretismo. Cuando en la década de 1990 los devotos de Gülen establecieron cientos de escuelas en las repúblicas post-soviéticas de Asia Central y en otros lugares fuera de Turquía, ¿sabían que la ambición secreta de su líder era hacerse cargo de su tierra natal?.

¿Soñaron con un golpe militar mientras enseñaban ciencias y matemáticas-el Islam no forma normalmente parte del plan de estudios en las escuelas Gülen- en Azerbaiyán, Turkmenistán, Moldavia o Mongolia? ¿Se establecieron miles de exitosas empresas dentro de Turquía como parte de su conspiración? Si es así, ¿por qué decenas de estudiosos que fueron atraídos a estudiar lo que parecía ser el modelo de una organización musulmana moderada y ecuménica no encuentran ningún discurso o escrito traicionando el objetivo final de Gülen?

Los defensores de Erdogan sostienen que la moderación era un ardid, una tapadera para la militancia violenta. Una tapadera tan eficaz que hasta el golpe de Estado los gülenistas nunca fueron identificados con actos violentos, a diferencia de ISIS o al-Qaeda, o incluso los Hermanos Musulmanes.

La segunda posibilidad, una radicalización masiva de Hizmet a lo largo de los últimos dos años, puede encajar con nuestro temor actual de que los musulmanes europeos se radicalizaron, o "auto-radicalizaron," a través de Internet. Pero los sitios yihadistas y reclutadores encargados de efectuar las radicalizaciones del  ISIS no son difíciles de encontrar. Transmiten su agenda asesina en todas las formas posibles.
 
Pero no hay sitios gulenistas dedicados a derrocar al Estado turco. ¿Hemos de creer, entonces, que cada devoto de Gülen que dirija una escuela en Indonesia o en Somalia o Texas repentinamente recibió una misiva secreta indicando el verdadero objetivo de su líder y de inmediato respondieron convirtiéndose en terroristas, sin que ninguno de ellos resistiera la llamada o diera publicidad a una incitación tan escandalosa?
 
Un seguidor de Erdogan podría argumentar que la conspiración terrorista implica solamente un elemento central dentro de Hizmet. Pero Erdogan está poniendo en práctica una purga de todos en Hizmet, encarcelando, despidiendo y cancelando sus pasaportes, tomando sus  empresas y pidiendo a los gobiernos de todo el mundo que declaren a todos los devotos como terroristas, así como cerrar sus escuelas y organizaciones benéficas.
 
Dado que ninguna de estas dos posibilidades parece nada probable, nos quedamos con la posibilidad de un desencuentro entre dos líderes musulmanes. Más que una posibilidad. Una realidad manifiesta. Erdogan dice Gülen dirige una organización terrorista. La gente de Gülen dice que Erdogan es un corrupto aspirante a dictador que, junto con su familia y compinches, está robando grandes sumas de dinero de los turcos.
 
Dondequiera que la verdad se encuentre entre estas dos posiciones, la idea de que todos los activistas e instituciones de Hizmet en todo el mundo deben considerarse como terroristas es absurda. El golpe es una cosa. La purga otra. Decenas de miles de turcos están perdiendo sus carreras, sus negocios, y su libertad y se marca con una etiqueta que estigmatiza a toda su familia.
 
Es difícil encontrar un símil de lo que ha ocurrido en Turquía desde fallido golpe de Estado del mes pasado sin hacer la comparación con los decretos de Nuremberg de 1935, que legalmente condenó al ostracismo a los judíos y personas de ascendencia judía de Alemania.

Sin embargo, el antisemitismo nazi tenía un fundamento claro y directo, mientras que el furor popular en Turquía sobre Hizmet porta el sabor de un ajuste de cuentas personal entre los que fueron una vez amigos. Ninguna ideología. Justo abajo y sucio, sin tabúes.

¿Hitler habría hablado en una gala en mayo patrocinada por el Partido Comunista de Alemania en 1933?. Yo creo que no. Pero yo me senté en la gala Waldorf Astoria del 2013 en la misma mesa que Erdogan y Gülen.

Richard W. Bulliet (nacido en 1940) es profesor de Historia en la Universidad de Columbia. Especializado en la historia de la sociedad y las instituciones islámicas, la historia de la tecnología, y la historia del papel de los animales en la sociedad humana.

 AlterNet

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