Bashar al Asad Erdogan japón en el ártico genocidio yazidí ser miembro del isis arda turan

¿Es Fethullah Gülen el Trotsky de Turquía?

Mientras el golpe de Estado en Turquía todavía estaba en marcha, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, sabía, con un notable grado de precisión, quién era responsable. Culpó a Fethullah Gülen, un clérigo turco que encabeza un movimiento filosófico que promueve el diálogo entre religiones y que ha estado viviendo en un exilio autoimpuesto en los Estados Unidos desde 1999.

De hecho, el año pasado estuvo marcado por varios tipos de ataques en Turquía contra amigos, seguidores e instituciones de Gülen, reales o supuestas. Por ejemplo, las autoridades confiscaron un banco y medios de comunicación, entre ellos el periódico de gran tirada Zaman, y convirtieron todos ellos en servicios estatales. Pero esto no fue sólo un ataque contra de Gülen y su movimiento; fue un duro golpe para la democracia en Turquía.

Al confiscar un banco, Erdogan dejó claro que no se permitiría ninguna actividad económica que no estuviera alineada políticamente con su régimen. Mediante la confiscación y el cierre de medios de comunicación, dejó claro que la libertad de prensa no existe en Turquía.

El nombre de Fethullah Gülen era siempre mencionado antes y durante todas estas operaciones autoritarias. ¿Se ha convertido en una obsesión para Erdogan? ¿Es Gülen realmente un enemigo tan poderoso y omnipresente del Gobierno turco?

Probablemente no. Es más probable que Erdogan esté utilizando el nombre de Gülen para otros fines. Debido a que Erdogan ha decidido enfrentarse a todo el espectro político que se opone a él - desde los kemalistas a los pro-kurdos - necesita un "nombre", un ”enemigo", un "símbolo" para representar al enemigo. Es para uso doméstico, ¡pero especialmente para uso internacional!.

No es la primera vez que un régimen autoritario o dictadura ha aplicado este tipo de métodos. Sin embargo, la insistencia de Erdogan en asociar a Gülen con absolutamente todo lo que es crítico o contrario a él en Turquía nos recuerda otro caso trágico en la historia. ¡Los de Iósif Stalin y Leon Trotsky! En pocas palabras, ¿podría ser Gülen la versión turca de Trotsky?.

El revolucionario ruso se enfrentó al ganador del régimen soviético desde el comienzo de los años 1920. En 1925 ya había perdido la pelea. Exiliado en Turquía primero y luego perseguido por las autoridades soviéticas, Trotsky encontró asilo en Europa y luego en México. En 1940, fue asesinado por un agente soviético.

Pero, a pesar del hecho de que los partidarios de Trotsky fueron encarcelados y ejecutados en la Unión Soviética y sus seguidores en Europa se contaban sólo por cientos, se utilizó su nombre y fue representado como un poderoso líder internacional, un aliado de Hitler, Mussolini, el emperador de Japón, y el capitalismo occidental. Todo el período que abarcó la década de 1930, y que culminó con la ejecución de los líderes de la Revolución Rusa en 1938, fue dominado por la denominada 'amenaza trotskista'.

De hecho, la amenaza de Trotsky sirvió como el pretexto perfecto, algo que Stalin necesitaba, para eliminar a cualquiera que se opusiera a él y para consolidar su poder.

Parece que ahora Gülen es el pretexto para una purga al estilo Stalin del Estado turco – desde el ejército al poder judicial y al sistema educativo.

Pero las similitudes terminan aquí.

Stalin era el dirigente de un imperio, y se encontraba al comienzo de la creación de un régimen dictatorial. Stalin también tuvo el apoyo de una enorme población de antiguos campesinos que habían llegado a las ciudades después de la Revolución. Su futuro estaba estrictamente vinculado con el nuevo régimen político-económico representado por Stalin y su fuerte facción dentro del estado soviético y el Partido Comunista. Independiente de las atrocidades, masacres y crímenes de los que el régimen soviético es responsable, el estalinismo operó como una fuerza unificadora para la sociedad en la Rusia posterior a la Revolución.

El daño que Stalin creó en su país fue absorbido por el entorno político internacional de la década de 1930 y la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a Erdogan, es el jefe de un estado con una importancia geopolítica única, pero con muchos problemas. Por ejemplo, se considera que la economía de Turquía está al borde de una crisis, la cuestión kurda sigue sin resolverse y la sociedad está profundamente dividida en relación al laicismo. Turquía también se enfrenta al aislamiento internacional.

Lo que es más, los zig-zags políticos y diplomáticos de Erdogan y sus cambios de sentido han convertido a Turquía en parte del problema en la crisis siria. Su compromiso anti-Asad y sus indirectas, aunque dudosas, relaciones con el Estado Islámico, han registrado pérdidas considerables en los niveles diplomáticos y de seguridad. Erdogan ha creado una crisis diplomática con Egipto también. Y fue humillado al ofrecer sus disculpas a Vladimir Putin por el derribo de un avión ruso en noviembre del año pasado.

Con su expansión paso a paso de objetivos autoritarios, Erdogan ha dividido profundamente a la sociedad turca. Además, ya le resulta difícil convencer a los posibles aliados (los Estados Unidos y la Unión Europea) de que sus ataques a las propiedades pertenecientes a grupos de ciudadanos son llevados a cabo bajo el pretexto de que éstos pertenecen al movimiento de Gülen.

A medida que el polvo se asienta después del último intento de 'golpe de estado' en Turquía, existen serias sospechas por parte de personalidades políticas europeas y americanas. Si el peligro que los enemigos del presidente turco y el gobierno representan era tan grande e intenso, y si se trataba de una sorpresa tan terrible para el régimen, entonces ¿cómo es posible que fuera tan fácil hacer frente al golpe y frustrarlo? La verdadera sorpresa fue la rapidez con que el "sorprendido estado" de Erdogan fue capaz de responder.

También es una "sorpresa" para nosotros que la burocracia turca fuera tan eficaz en la compilación de una larga lista de personas involucradas en la preparación del golpe de estado fallido. La lista incluye a jueces, oficiales del ejército, profesores de universidades y escuelas…

En otras palabras, la lista incluye a todos los que conforman la élite de la oposición.

Por un lado, Erdogan está orquestando la consolidación de su régimen autoritario. Por otro, sin embargo, está debilitando aún más su país, especialmente en un período que es crucial para toda la región. Es un hecho que no puede ser ignorado por la UE. Turquía es un país con múltiples lazos con la UE y es, por supuesto, importante para los objetivos estratégicos, energéticos y de seguridad de la UE.

La defensa de los derechos humanos y los principios democráticos en Turquía debe preocuparnos a todos.

En 1930, las democracias occidentales entendieron las dimensiones reales de lo que Stalin llamó la 'amenaza trotskista' y a pesar del hecho de que no compartían las ideas del fugitivo ruso, le ofrecieron asilo y protección, como hacían con los numerosos comunistas y anarquistas que escapaban de la Unión Soviética.

Los países occidentales fueron capaces de enviar un mensaje claro a Stalin: no podía imponer su voluntad sobre las democracias. También subrayaron su compromiso en la defensa de la democracia y sus valores.

Es el caso ahora. Erdogan, al exigir de una manera bastante arrogante e imperativa la 'cabeza de Gülen' a los EE.UU., está buscando cómplices. Si los EE.UU. prestara atención a Turquía y devolviera a Gülen a Turquía, sería un duro golpe contra la democracia misma.

La defensa de Gülen no se trata de defender sus puntos de vista, sino de defender la democracia y los derechos humanos en Turquía. De hecho, es la defensa de la democracia en nuestros países, en los EE.UU. y la UE.

P.D.: El intento de golpe de Estado en Turquía ha puesto de manifiesto una vez más un problema europeo muy serio. Los campeones de la "democracia no liberal" no se limitaron únicamente a felicitar a Erdogan, sino que además aprovecharon esta situación para descubrir y localizar al "enemigo". A partir de las declaraciones que emitieron tan sólo unas horas después de que Europa tuviera noticias del golpe, se aceptó que aquellos que intentaron derribar el régimen de Erdogan eran terroristas.

Por la sencilla razón de que la brecha entre lo que 'los demócratas no liberales' están haciendo en sus países y lo que sucedió y está sucediendo en Turquía no es demasiado amplia, estas declaraciones son un motivo para la preocupación de la UE.

Theodoros Benakis/New Europe

Atención!

Para comentar debes iniciar sesión. Si no es un usuario registrado regístrese ahora.

Iniciar sesión Regístrate