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La campaña anti-Gülen en Turquía: El fortalecimiento de militantes y yihadistas en Pakistán

Una demanda turca para que Pakistán cierre 28 escuelas primarias y secundarias asociadas con el polémico y auto-exiliado predicador turco Fethullah Gülen ha puesto al gobierno de Islamabad en un dilema en su intento por recuperar el control sobre un sector de la educación en el que figuran prominentemente militantes islamistas y yihadistas.

La demanda del embajador de Turquía en Pakistán, S. Babur Girgin, para el cierre de las escuelas administradas por las PakTurk International Schools and Colleges era parte de un esfuerzo global para desmantelar la red del Sr. Gülen, residente en Pennsylvania y cabeza de Hizmet, uno de los movimientos islámicos más grandes y ricos del mundo con empresas, escuelas y universidades en decenas de países.

Las escuelas PakTurk tienen aproximadamente 10.000 estudiantes y son vistas como algunas de las mejores instituciones educativas de Pakistán. PakTurk ha negado ser parte de ningún movimiento político o religioso, pero admite que simpatiza con la filosofía del Sr. Gülen.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha culpado al Sr. Gülen del fallido intento de golpe de Estado militar ocurrido este mes y ha exigido que Estados Unidos extradite al predicador a Turquía. El presidente ha cerrado en la última semana unas 1.000 escuelas y 15 universidades en Turquía, las cuales, según él, estaban asociadas a Hizmet, y ha detenido o despedido del servicio público a unas 60.000 personas, supuestamente seguidoras del Sr. Gülen. En respuesta a las demandas de Turquía, Azerbaiyán cerró a principios de esta semana una universidad que fue fundada presuntamente por partidarios de Gülen.

El cumplimiento de la demanda de Turquía podría complicar los ya débiles esfuerzos del gobierno paquistaní por, no sólo crear un inventario exacto de las instituciones en el sector de la educación del país, sino también imponer una regulación. Altos funcionarios del gobierno admiten que no tienen una visión general precisa de cuántas escuelas existen en Pakistán, sobre todo cuando se trata de seminarios islámicos o madrasas.

Las estimaciones de los funcionarios del gobierno y expertos no gubernamentales cubren toda la gama, oscilando entre 25.000 a 88.000 madrasas, o entre un 1 a un 50 por ciento de todas las instituciones educativas, y un 33 por ciento de todos los estudiantes en un país en el que hasta el 50 por ciento de los niños en edad escolar no está inscrito en ninguna institución educativa.

El único punto en el que los funcionarios y los expertos están de acuerdo es el hecho de que la mayoría de las madrasas recibe fondos del extranjero, incluyendo cantidades sustanciales de Arabia Saudita, que suelen ir a instituciones más grandes. La financiación de Arabia Saudita que se adhiere al wahabismo, una interpretación puritana del Islam, es parte de una campaña de diplomacia pública que se extiende durante décadas, la mayor de la historia, que está diseñada para propagar versiones ultra-conservadoras de la fe.

"Si hay un segmento de la población que tiene completa libertad de expresión en Pakistán, este es el de la teocracia religiosa musulmana - pueden decir lo que quieran - no hay ninguna restricción, no hay castigo y no hay consecuencias estatales para ellos. Todos los demás “pagamos el precio”, advirtió la autora y asesora política Najma Minhas.

La opinión de Minhas, repetida por muchos en los gobiernos occidentales así como una serie de académicos, expertos y periodistas, es contrarrestado por los estudiosos críticos con las afirmaciones según las cuales las madrasas constituyen un caldo de cultivo para la militancia. Los críticos hacen énfasis en el bienestar y el impacto educativo de la mayoría de las madrasas en términos de los beneficios de un internado devengados por las familias pobres que ven cómo sus costes de alimentación y vivienda disminuyen, siendo incapaces, de otro modo, de dar a sus hijos una educación.

El impacto en la sociedad paquistaní de la omnipresencia del ultra-conservadurismo respaldado por Arabia Saudita es, no obstante, evidente en todo el país.

Un estudio reciente llevado a cabo por la Fundación Cultural Pakhtunkhwa, un grupo con sede en Peshawar que tiene como objetivo hacer frente a la erosión de la cultura, llegó a la conclusión de que "la escuela wahabí de pensamiento ganó influencia en la sociedad, debido a los acontecimientos políticos y el patrocinio del estado, y en particular a raíz de la guerra en Afganistán. Ideólogos de la escuela wahabí consideran la expresión artística contra el Islam... proclamar canciones, películas y cualquier aspecto artístico como obsceno... El fuerte descenso en la vida socio-cultural ha creado un vacío que está siendo llenado por misioneros religiosos", afirma el estudio.

Éste documenta en Peshawar el fin de los conciertos públicos, la desaparición de decenas de familias de artistas, el cierre de casi 200 tiendas de música y docenas de salas de cine, y la muerte profesional de actores y artistas.

Las nociones de inercia, si no complicidad, en las ramas de gobierno en el que las visiones del mundo respaldadas por Arabia Saudita han hecho incursiones significativas y son alimentadas por el hecho de que las fuerzas de seguridad rara vez capturan a los asesinos de artistas y trabajadores culturales o a los que destruyen tiendas y cines. Por el contrario, esas ramas del gobierno con frecuencia adoptan políticas que contribuyen a un entorno de aumento de la intolerancia. Las víctimas y sus familias son abandonadas a su propia suerte y a menudo reducidas a la pobreza extrema.

La Comisión de EE.UU. para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) informó a principios de este año que los libros de texto de las escuelas públicas de Pakistán que fueron distribuidos a por lo menos 41 millones de niños contenían referencias despectivas a las minorías religiosas. La percepción de las minorías como amenazas se reforzó con la intensificada islamización de los libros de texto en la década 1978-1988 en la que el general Zia ul-Haq gobernó Pakistán.

"En las aulas de las escuelas públicas, los niños hindúes se ven obligados a leer lecciones sobre conspiraciones “hindúes contra los musulmanes”, y a los niños cristianos se les enseña que “los cristianos aprendieron la tolerancia y la bondad de corazón a partir de los musulmanes”. Esto representa una vergüenza pública de los niños de minorías religiosas que comienza a una edad muy joven, centrándose en su identidad religiosa y cultural y la historia pasada de sus comunidades. Una revisión del plan de estudios demuestra que a los estudiantes de las escuelas públicas se les enseña que las minorías religiosas, especialmente los cristianos e hindúes, son nefastos, violentos y tiránicos por naturaleza. Hay una trágica ironía en estas acusaciones, ya que los cristianos e hindúes en Pakistán se enfrentan a una persecución diaria, son víctimas frecuentes de la delincuencia, y son blancos habituales de la letal violencia comunitaria, las vigilancias, y el castigo colectivo", concluyó el informe del USCIRF.

"Al imponer la dura interpretación literal de la religión exportada y promovida por Arabia Saudita, hemos convertido a Pakistán en un paisaje apagado y monocromático donde se desaprueba, si no se prohíbe totalmente, el color, la risa, el baile y la música. Y, sin embargo, el Islam en el sur de Asia se caracterizó una vez por una tradición sufí, ahora bajo amenaza. Cada vez más, estamos siguiendo el ejemplo establecido por los talibanes", agregó el escritor paquistaní Irfan Husain.

"Enseñamos a los estudiantes la aqida (credo) de cada secta y les explicamos cómo y dónde esa aqida es errónea para que podamos guiarles a la aqidah correcta", señaló Umer bin Abdul Aziz de la madrasa Jaimatul Asar en Peshawar.

"Las personas que aseguran que lavamos el cerebro a los niños son americanas. A los estudiantes se les enseña el camino de la virtud y la yihad. Ellos aprenden que los seres humanos son huéspedes temporales en este mundo y que tienen que contribuir a su religión y la vida próxima. Ellos aprenden los principios islámicos entre los que se encuentran la yihad y la necesidad de defender los intereses del Islam y satisfacer a Allah", agregó un profesor de una madrasa militante de financiación saudí en Pakistán cuyos estudiantes provienen en gran medida de Afganistán.

Basándose en el análisis textual de los textos de las madrasas, el estudioso Niaz Muhammad advirtió que "nadie debería afirmar que sus declaraciones sobre el plan de estudios de la madrasa no tiene nada que ver con el sectarismo u otras formas de militancia religiosa."

El dilema para el gobierno paquistaní es claro. El primer ministro turco, Binali Yildirim, ha advertido que Turquía estaría en guerra con cualquier país que coopere o ayude al movimiento Gülen. Sin embargo, el cierre de las escuelas que preparan a sus estudiantes para una sociedad y una economía modernas es algo que el profundamente  problemático sector de la educación de Pakistán no puede permitirse.

El Dr. James M. Dorsey es catedrático emérito de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam, co-director del Instituto de la Cultura de Fans de la Universidad de Würzburg, autor del blog “El Turbulento Mundo del Fútbol en Oriente Medio” y autor un libro con el mismo título que acaba de publicar.

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