Bashar al Asad Erdogan japón en el ártico genocidio yazidí ser miembro del isis arda turan

La condescendencia que puede acabar con lo que queda de la democracia turca

El desgraciado golpe de Estado en Turquía ha provocado reacciones encontradas en la sociedad española. De inmediato las reminiscencias en torno a un 23F a la turca marcaron la solidaridad desde numerosos medios, lo cual tiene sentido. Pero lo cierto es que las consecuencias de este confuso golpe de Estado están siendo, curiosamente, devastadoras para la democracia que decimos apoyar. Decenas de miles personas totalmente inocentes han sido apartadas de sus puestos de trabajo, entre los que se encuentran tres mil jueces y 38 mil maestros y profesores.

Llama la atención la tibieza con la que se han manifestados algunas personalidades de la opinión pública de nuestro país, que si bien han condenado el impresionante autoritarismo de Erdogan, han insinuado que Erdogan necesita tiempo, desviando la atención en torno de si el golpe ha sido fabricado o no. La cuestión radica en las consecuencias. Es curioso que cierto halo paternalista aún planea sobre casos como el del post-golpe. Se deja estar, no se es lo suficientemente contundente ante hechos tan graves. Los turcos merecen un apoyo sincero. No es aceptable que se pase por alto una situación así por motivos de geoestrategia o bien por nuestras fobias personales. La realidad ya supera a la ficción: Más de 50 mil funcionarios públicos han sido apartados de sus trabajos. Todos ellos inocentes. Las plagas no solo vienen de Oriente.

DT

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