Estados Unidos

Republicanos empiezan a romper filas con Trump por manejo de la pandemia

Cada vez hay más líderes de su partido que temen la devastación de la enfermedad y que los votantes enojados busquen otro camino

The New York Times

The New York Times

miércoles, 22 julio 2020 | 12:22

Que el presidente Donald Trump no haya podido contener el brote de coronavirus y que se haya rehusado a promover pautas claras de salud pública han dejado a muchos republicanos desesperanzados de que juegue un papel constructivo en el manejo de la crisis. Algunos han concluído que debían evitar a Trump e ignorar, o incluso contradecir, sus pronunciamientos.

En los últimos días, algunas de las figuras más prominentes del partido Republicano fuera de la Casa Blanca han roto con Trump en temas como la utilidad de usar cubrebocas en público y prestar atención a los consejos de expertos en salud como Anthony Fauci, a quien el presidente y otras figuras de extrema derecha dentro del gobierno han sometido a una mordaz crítica personal.

Parecen estar impulsados por varias fuerzas superpuestas, entre ellos el deterioro de las condiciones en sus propios estados, la aparente indiferencia de Trump al problema y el enfoque de una elección presidencial en la que Trump va muy rezagado respecto a su rival demócrata, Joe Biden.

Los gobernadores republicanos, que alguna vez se mostraron reticentes a hacerlo, ahora emiten lineamientos sobre el uso de cubrebocas y restricciones comerciales que van en contra de las exigencias de Trump. Algunos de esos gobernadores han sostenido conversaciones telefónicas nocturnas entre ellos para intercambiar ideas y quejas; han buscado aliados en el gobierno que no sean el presidente, incluido el vicepresidente Mike Pence, quien, a pesar de hacerse eco de Trump en público, es visto por los gobernadores como mucho más atento a los continuos desastres.

“El presidente se aburrió de ella”, dijo sobre la pandemia David Carney, un asesor del gobernador de Texas, Greg Abbott. Señaló que Abbott, republicano, dirige sus solicitudes a Pence, con quien habla dos o tres veces por semana.

Un puñado de legisladores republicanos en el Senado presionaron en privado al gobierno para que volvieran los informes de salud dirigidos por figuras como los doctores Fauci y Deborah Birx. Estos funcionarios actualizaron regularmente al público durante la primavera hasta que Trump los eclipsó con sus propios monólogos. Y la semana pasada en Kentucky, su estado natal, el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría, rompió con Trump en casi todos los temas importantes relacionados con el virus.

McConnell ha enfatizado la importancia del uso de cubrebocas, expresó una confianza “total” en Fauci e instó a los estadounidenses a seguir las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que Trump ha ignorado o desestimado.

“Directo al grano: lo que todos necesitan entender es que esto no se va a acabar hasta que tengamos una vacuna”, dijo McConnell el miércoles, contradiciendo las predicciones optimistas de Trump.

El resultado es una brecha silenciosa pero cada vez más amplia entre Trump y las principales figuras de su partido, ya que el virus arde en los principales campos de batalla políticos en el sur y el oeste, como en los estados de Arizona, Texas y Georgia.

“El presidente se aburrió de ella”, dijo sobre la pandemia David Carney, un asesor del gobernador de Texas, Greg Abbott. Señaló que Abbott, republicano, dirige sus solicitudes a Pence, con quien habla dos o tres veces por semana.

Un puñado de legisladores republicanos en el Senado presionaron en privado al gobierno para que volvieran los informes de salud dirigidos por figuras como los doctores Fauci y Deborah Birx. Estos funcionarios actualizaron regularmente al público durante la primavera hasta que Trump los eclipsó con sus propios monólogos. Y la semana pasada en Kentucky, su estado natal, el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría, rompió con Trump en casi todos los temas importantes relacionados con el virus.

McConnell ha enfatizado la importancia del uso de cubrebocas, expresó una confianza “total” en Fauci e instó a los estadounidenses a seguir las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que Trump ha ignorado o desestimado.

“Directo al grano: lo que todos necesitan entender es que esto no se va a acabar hasta que tengamos una vacuna”, dijo McConnell el miércoles, contradiciendo las predicciones optimistas de Trump.

El resultado es una brecha silenciosa pero cada vez más amplia entre Trump y las principales figuras de su partido, ya que el virus arde en los principales campos de batalla políticos en el sur y el oeste, como en los estados de Arizona, Texas y Georgia.

En medio de la creciente alarma en una gran parte del país, Trump a veces parece habitar un universo diferente, al predecir incorrectamente que el brote se disipará rápidamente y al afirmar falsamente que la propagación del virus fue simplemente resultado del aumento de las pruebas. Con sus impacientes demandas y decretos, Trump ha interrumpido los esfuerzos para mitigar la crisis al mismo tiempo que deja de participar en ellos.

Las brechas emergentes en el partido de Trump han tardado en desarrollarse, pero se han profundizado rápidamente desde que un nuevo aumento en los casos de coronavirus comenzó a arrasar el país el mes pasado.

En los últimos días de junio, el gobernador de Utah, Gary Herbert, republicano, se unió a otros gobernadores en una conferencia telefónica con Pence e instó al gobierno a hacer más para combatir la sensación de “complacencia” en torno el virus. Herbert dijo que sería de ayuda para estados como el suyo si Trump y Pence animaran a usar cubrebocas a escala nacional, según una grabación de la llamada.

“Como ciudadano responsable, si te preocupas por tu prójimo, si amas a tu prójimo, permítenos mostrarte el respeto necesario al usar un cubrebocas”, dijo Herbert, ofreciendo a Pence las palabras que podrían usar para el mensaje y agregó: “Ahí es donde creo que usted y el presidente pueden ayudarnos”.

Pence le dijo a Herbert que la sugerencia fue “debidamente anotada” y dijo que el uso de cubrebocas sería un “mensaje muy consistente” por parte del gobierno.

Pero nunca llegó tal llamado de parte de Trump, quien afirmó días después que el virus “simplemente desaparecería”.

Trump solo ha ofrecido recomendaciones solapadas sobre el uso de cubrebocas y rara vez ha usado una en público; en una entrevista con Fox que se transmitió el 19 de julio, el presidente dijo que no emitiría una directiva nacional sobre el cubrebocas, porque los estadounidenses merecen “una cierta libertad” en el asunto.

Algunos de los estados donde los brotes han empeorado más en las últimas semanas son liderados por republicanos que pasaron meses evitando confinamientos estrictos, en algunos casos porque los líderes estatales estaban incómodos con marcar distancia entre ellos y un presidente de su propio partido que rechazaba tales medidas. Esa dinámica ha sido particularmente pronunciada en estados del sur como Mississippi, Alabama y Florida, donde los gobernadores se han resistido a imponer duras restricciones de salud o solo las han aceptado recientemente y de manera parcial.

Algunos republicanos se han vuelto más abiertos al expresar dudas sobre el enfoque de Trump, incluido el gobernador Asa Hutchinson de Arkansas, quien dijo este mes que él requeriría que las personas usen cubrebocas en cualquier mitin de Trump que se lleve a cabo en su estado. Después de emitir un amplio mandato sobre el cubrebocas la semana pasada, Hutchinson dijo el domingo en This Week, un programa de ABC, que “nuestro liderazgo nacional debe poner el ejemplo” sobre el uso del cubrebocas.

El gobernador Mike DeWine de Ohio, republicano, no respondió directamente cuando se le preguntó, en un entrevista en el programa Meet the Press de NBC, si tenía confianza en el liderazgo de Trump en la crisis. DeWine dijo que tenía confianza “en este gobierno” y elogió a Pence por “hacer un trabajo totalmente fenomenal”.

Judd Deere, un vocero de la Casa Blanca, desestimó las críticas al enfoque de Trump.

“Cualquier insinuación de que el presidente no está trabajando las 24 horas para proteger la salud y la seguridad de todos los estadounidenses, liderar la respuesta de todo el gobierno a la pandemia, incluida la aceleración del desarrollo de vacunas y la reconstrucción de nuestra economía es completamente falsa”, dijo Deere en un comunicado.

Con solo unas pocas excepciones, los republicanos han evitado la confrontación directa con Trump. Han llegado a ver la crítica pública como un ejercicio de inutilidad política: uno que garantiza una respuesta amarga de Trump sin ninguna posibilidad de cambiar su comportamiento.

Pero muchos legisladores republicanos se exasperan cada vez más ante los mensajes contradictorios del gobierno, la guerra abierta entre los miembros del personal de Trump y las exigencias del presidente de que los estados reabran más rápido o corran el riesgo de ser castigados por el gobierno federal.

El senador Ben Sasse, republicano de Nebraska, dijo que quería que el gobierno ofreciera actualizaciones más amplias de salud pública al pueblo estadounidense, y condenó la animosidad abierta hacia Fauci de algunos funcionarios de la administración, incluido Peter Navarro, el asesor comercial, quien escribió una columna de opinión en la que ataca a Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del país.

“Quiero más sesiones informativas pero, lo más importante, quiero que toda la Casa Blanca comience a actuar como un equipo que tiene la misión de abordar un problema real”, dijo Sasse. “La comedia de Los tres chiflados de esta semana es otra forma de minar la confianza pública en que estos muchachos comprenden que decenas de miles de estadounidenses han muerto y decenas de millones están sin trabajo”.

El senador Roy Blunt, republicano de Missouri, fue más sucinto: “Cuanto más deleguen las sesiones informativas a los profesionales, mejor”.

Un grupo de gobernadores republicanos ha mantenido durante meses conversaciones telefónicas regulares, generalmente de noche y sin personal presente, según dos estrategas del partido al tanto de las pláticas. A diferencia de las llamadas centradas en el virus que dirige Pence, no hay funcionarios demócratas o de la Casa Blanca conectados, por lo que las conversaciones se han convertido en una especie de espacio seguro donde los gobernadores pueden pedir consejo a sus homólogos, discutir las mejores prácticas y, si desean, desahogarse sobre el gobierno y el liderazgo errático del presidente.

El propio Trump parece estar menos interesado en los desafíos específicos que presenta el virus y, en su mayoría, está frustrado por la realidad de que no ha desaparecido como predijo. La desconexión no hace otra cosa que crecer entre él y otros líderes del partido, sin mencionar a los votantes. Una encuesta publicada el viernes por ABC News y The Washington Post encontró que la mayoría del país desaprobaba enérgicamente el manejo de Trump de la crisis, y que cerca de dos tercios de los estadounidenses dijeron que confiaban poco o nada en los comentarios de Trump sobre la enfermedad.

La posición política de Trump ahora es tan grave que incluso los republicanos que han pasado años evitando hacer comentarios directos sobre su comportamiento están reconociendo de forma rotunda su impopularidad. El ex presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, por ejemplo, ofreció una evaluación sombría de la posición electoral de Trump en un evento reciente organizado por Solamere, una compañía muy vinculada con el senador Mitt Romney, republicano de Utah, y su familia.

Según una transcripción parcial de los comentarios, compartida por una persona cercana a él, Ryan —habitualmente hermético— dijo que Trump perdía bloques de votación clave en todo el Medio Oeste y en Arizona, un estado republicano que Ryan ha descrito como “actualmente en tendencia contra nosotros”.

Si bien Ryan no criticó el manejo del brote por parte de Trump, dijo que el presidente no podría ganar la reelección este año si continuaba perdiendo tanto ante Biden entre los votantes suburbanos que desconfiaban de ambos candidatos pero que actualmente favorecen a Biden.

“Biden le gana a Trump en esta categoría de votantes de 70 a 30”, dijo Ryan, “y si eso se mantiene, no puede ganar estados como Wisconsin, Michigan y Pennsylvania”.

Algunos de los asesores más cercanos de Trump están convencidos de que la mejor manera de avanzar es minimizar los peligros de la enfermedad. Mark Meadows, el jefe de gabinete, ha sido particularmente contundente en su opinión de que la Casa Blanca debería evitar llamar la atención sobre el virus, según personas al tanto de las discusiones.

Meadows se ha opuesto en su mayor parte a cualquier reunión informativa sobre el virus, mientras que otros asesores de Trump, incluidos Hope Hicks y Jared Kushner, se han mostrado abiertos a celebrar reuniones informativas siempre que no sean en la Casa Blanca, donde Trump podría aparecer y ponerse a dirigirlas. Al equipo de Pence le gustaría mantener más sesiones informativas con los expertos en salud, pero algunos de los asesores de comunicaciones de Trump no quieren que el vicepresidente participe.

Un gran número de legisladores republicanos de base comparten la aversión de Trump a las prácticas de control de enfermedades.

El gobernador Brian Kemp de Georgia, un republicano estrechamente alineado con Trump, emitió una orden el miércoles que impide que los gobiernos locales obliguen al uso de cubrebocas, y luego demandó a la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, por imponer tal requisito. El edicto de Kemp se produjo horas después de que Trump visitó su estado y se negó a usar un cubrebocas en el aeropuerto de Atlanta.

Sin embargo, algunos en el partido Republicano ahora no encuentran otra alternativa que separarse de Trump en estrategia, si no en política.