Juárez
Día internacional de la visibilidad trans

Dan colores a su ‘sueño americano’

Forman migrantes trans su propio albergue en Ciudad Juárez

David Cruz / El Diario de Juárez / Algunos de los migrantes desayunan en el albergue

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

miércoles, 31 marzo 2021 | 06:00

Ciudad Juárez— Con la esperanza de lograr una mejor vida lejos de la violencia, la pobreza y la discriminación de la que han tenido que huir, 43 migrantes trans aguardan por el sueño americano en la Casa de Colores de Ciudad Juárez. 

Se trata de migrantes centroamericanas, quienes sin saber cuánto tiempo tendrán que esperar para poder tener la oportunidad de solicitar el asilo político ante el gobierno de Joe Biden, han logrado conseguir los recursos para rentar un espacio y formar su propio albergue en esta frontera; sin embargo, necesitan de la donación de alimentos, ropa y cosméticos. 

“Estamos como en una cárcel, porque no podemos cruzar a Estados Unidos; la mayoría vienen huyendo de sus países, no es que vengan sólo porque sí, es que no pueden devolverse a sus países; aquí la pandemia nos cerró los trabajos y el invierno les impidió trabajar en la calle. Nos quedamos atrapadas”, narró Susana Coreas, fundadora de Casa de Colores. 

Susana es originaria de Santa Ana, El Salvador; es bilingüe, cuenta estudios en ingeniería industrial y es técnico en electricidad, automotriz y computación, pero tiene un hijo en Estados Unidos, a quien ha criado desde pequeño, por lo que quiere ir con él. 

“Yo me había casado, tuve un niño y me vine a Estados Unidos para darle una mejor vida, pero cuando el niño tenía tres años la mamá se fue con alguien más en El Salvador, así que compré mi vuelo y me regresé a mi país para criar a mi hijo. Cuando él ya tenía 16 años se hizo residente, entonces el año pasado le dije que yo me iba a ir adelante para conseguir un lugar en donde vivir y trabajo para ayudarle a pagar la universidad. Pero él en noviembre llegó allá, él ya está esperándome en Minnesota con su tía. Por eso voy yo para allá”, relató quien dejó su trabajo en El Salvador para poder irse con su hijo. 

Susana llegó a Ciudad Juárez hace 13 meses como parte de un grupo de 22 migrantes trans salvadoreñas, quienes asegura que fueron engañadas sobre el proceso migratorio que deberían seguir ante Estados Unidos, y luego con el cierre de la frontera debido a la pandemia, se quedaron atrapadas. 

“Salimos de El Salvador el 12 de enero del año pasado, veníamos con la idea de que aquí en Ciudad Juárez había un albergue para la comunidad y llegamos el 5 de febrero aquí, pero llegamos y nos dijeron que no nos presentáramos para el MPP (el programa de retorno Protocolos de Protección a Migrantes, mediante el cual esperaban en México su proceso de asilo político en el vecino país) y el problema fue que nosotros creímos. La frontera estaba abierta en ese entonces, y cuando nos dimos cuenta que sí podíamos ser MPP ya la frontera estaba cerrada”, narró. 

La centroamericana aseguró que en el albergue en el que fueron acogidas se les hizo creer que ellas no podían ser parte del programa MPP, así como que en Juárez nadie quería a las personas trans, hasta que un grupo de ellas se fueron a entregar al puente internacional y lograron cruzar la frontera.

“Se fueron a entregar y pasaron, así que nosotros dijimos: vámonos, pero ese día habían cerrado la frontera y nos quedamos atrapadas aquí. Y de las más de 40 que estamos aquí nadie tiene el MPP, siempre se nos dijo que teníamos que esperar y esperar y esperar, y no sabíamos que la realidad era otra”, aseguró Susana, quien ahora cree que fueron utilizadas en ese espacio únicamente para conseguir recursos por ser un grupo vulnerable. 

La centroamericana afirmó también que en mayo del año pasado decidieron salirse del albergue en donde estaban, porque les cobraban dinero para poder vivir ahí, además de que tenían que cooperar para pagar todos los servicios. 

“En mayo tres niñas decidieron salirse del albergue y acudieron al Instituto Municipal de las Mujeres y les dieron la opción de irse al hotel filtro para migrantes. Nos hablaron y (cinco más) en 20 minutos hicimos las maletas, y cuando llegamos al hotel filtro fue una sorpresa para nosotros que nos dieron la bienvenida, cuando a nosotras nos habían dicho que esta ciudad era homofóbica y que aquí nadie quería a las chicas trans. Y la bienvenida que nos dieron contradecía todo lo que nos habían dicho, que aquí nadie nos quería”, relató. 

Después de pasar el aislamiento en el hotel filtro coordinado por la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas (OIM-ONU) y la Organización Mundial por la Paz, las ocho fueron trasladadas al Centro Integral para Migrantes Leona Vicario, en donde se les asignó un área especial; sin embargo, no podían salir debido a la pandemia, y no podían utilizar su celular después de las 7:00 de la tarde, por lo que pidieron ser trasladadas a otro albergue. 

En el nuevo albergue “fuimos bastante bien recibidas, para ese entonces ya éramos 10 chicas trans… pero se referían a las niñas como: muchacho, no respetaban la identidad porque en los documentos decía (que eran hombres). Luego, una de las niñas que ya no está con nosotros, porque tuvimos que dejarla fuera, incumplió una de las leyes de ahí, que era ingerir bebidas alcohólicas”. 

Ese día, todas fueron sacadas del albergue, por lo que Susana, quien trabajaba entonces en un bar fue apoyada por la dueña del lugar para poder vivir con sus ocho compañeras en un viejo hotel del centro de Ciudad Juárez. 

“Yo era la única que trabajaba. Me dijo que habían adquirido este edificio y que si necesitábamos un techo me lo podían prestar, era un préstamo nada más; el edificio no tenía luz, tenía 20 años de abandono, pero era la única opción que teníamos. Me acuerdo que la señora nos dio trapeadores y escobas para limpiar el pedacito en donde íbamos a dormir, y los primeros días dormíamos encima de la ropa que traíamos en las maletas. Si queríamos agua para el baño, había que ir al bar con una cubeta para traer agua”, así empezó Casa de Colores. 

Susana pidió entonces el apoyo del CIM Leona Vicario, quienes la apoyaron con la primera despensa, literas, colchas y otros artículos, recordó. 

La organización estadounidense Abara también los apoyó con alimentos, “y así se fueron agregando más y más personas, las señoras (del bar) nos regalaron los sillones, una mesita y varias cosas. Empezaron a acercarse los colaboradores, entre ellos una amiga de El Paso, de Cosecha y Casa Carmelita, ellos nos trajeron una cocina”, relató la migrante salvadoreña. 

Grupo Compañeros los ha apoyado con programas de salud sexual y activistas de Estados Unidos comenzaron a apoyarlas; sin embargo, ya tienen que cubrir una renta de 30 mil pesos mensuales para continuar en el edificio que les fue prestado, debido a que había sido adquirido como un negocio y lograron llegar a un acuerdo para no tener que salirse de ahí. 

Ahora la prioridad es conseguir alimentos, principalmente pan, huevos, carne, frutas y verduras; así como ropa de mujer de diversas medidas; artículos de higiene personal; y todo tipo de maquillaje. 

“El maquillaje nos sube el autoestima, por ejemplo yo no podría salir con vestido y sin ir maquillada de la cara”, confesó quien sin planearlo se convirtió en la directora de uno de los más de 18 espacios que conforman la Red de Albergues de Ciudad Juárez, en donde hoy celebrarán el Día Internacional de la Visibilidad Trans (Travesiti, Transgenero, Transexual).