Juárez
Resguarda 28 años de crímenes contra mujeres

Galería: Da luz de esperanza en feminicidios

Es Héctor Hawley Morelos uno de los peritos forenses mexicanos más reconocidos en el mundo

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez
Staff / El Diario de Juárez
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Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

lunes, 22 febrero 2021 | 11:04

Con el objetivo de poder darles a los familiares la verdad histórica y científica de lo que pasó con las víctimas, Héctor Hawley Morelos trabaja desde hace dos décadas como perito criminalista de campo en Ciudad Juárez, la frontera conocida a nivel mundial por los asesinatos de mujeres. 

“Aunque trabajo en la oscuridad doy luz a respuestas que puedan tener los sobrevivientes, doy luz de esperanza a saber qué pasó”, señaló el perito único en Feminicidios del Laboratorio de Servicios Periciales y Ciencias Forenses, sobre su trabajo con la muerte.

Con 20 años de experiencia, Hawley Morelos no solamente es un apasionado de su trabajo, sino también uno de los peritos forenses mexicanos más reconocidos, debido a sus conocimientos y a la experiencia que le ha dado la violencia que en esta frontera parece no tener fin. 

Después de una década vendiendo hamburguesas y comenzar a tener bajas ventas, en el 2000 el padre de dos hijos, de entonces 1 y 4 años de edad, vio una convocatoria para convertirse en perito forense.

El nivel de estudio solicitado entonces era la preparatoria, ya que ser perito era considerado un trabajo técnico, recuerda quien formó parte de la primera academia de peritos que hubo en el estado de Chihuahua, y después de seis meses de capacitación comenzó a trabajar en campo.

“Nos reunieron a todos los nuevos y nos dijeron ¿dónde quieren estar?, yo dije: yo soy criminalista, yo quiero andar en campo”.

“Es muy impresionante las primeras veces, bueno todas las veces son impresionantes, pero en aquellas pues no estabas acostumbrado… sí es difícil”, recordó. 

Las reacciones de su familia “al principio eran ‘¿qué estás haciendo ahí?, ¡salte, qué gusto tienes por eso!’. La gente tiene ese rechazo natural de la muerte y no ven como algo normal dentro de los cánones de una persona exitosa el trabajar con la muerte”, comentó quien ahora es licenciado en Procuración de Justicia, y cuenta con un posgrado en Ciencias Forenses por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y otro en Criminología y Criminalística, por el Instituto de Ciencias de Ciudad Juárez.

Para Hawley el trabajo con la muerte primero fue abrumador, pero después le apasionó, “me apasionó, me enganchó de primera mano. Y desde ese entonces no lo he soltado y me sigue apasionando igual, igualito”, aseguró. 

Una de las primeras escenas del crimen a las que acudió fue la de un niño de un año y medio encontrado en el 2001 en el eje vial Juan Gabriel.

“Me acuerdo que lo golpearon y lo quemaron con cigarros; hallamos nada más la parte de arriba del niño, porque los perros se habían comido lo demás y el perito que tenía ya tiempo con nosotros, el que nos llevaba, me ordenó que fuera a quitarle un bracito del niño a un perro, entonces tuve que ir con el perro y agarrar el brazo. Fue muy impresionante porque yo tenía hijos. En ese momento yo me quedé traumado ese día de pensar, pensar, pensar en la seguridad de mis hijos”, relató el padre de Héctor y Óscar, quienes ya cuentan con 26 y 23 años de edad. 

“Todos los casos se te quedan, no es que sea un trauma, sino sí recuerdas porque es un momento impactante. Yo de cada caso, a pesar de que son muchos sí me acuerdo de la mayoría, obviamente hay casos más impactantes que otros, pero sí se te quedan grabados”, confesó el perito forense.

Su trabajo con las mujeres comenzó la mañana del 6 de noviembre de 2001, cuando después de concluir su jornada laboral les llegó el reporte de tres mujeres asesinadas y él decidió apoyar a los peritos en turno.

“No tuve trabajo esa noche y dije pues yo los acompaño, vamos a ver, son tres. Fuimos y era el Campo Algodonero, y ahí nos estuvimos dos semanas trabajando en las escenas. Y de ahí me llamó mucho la atención el trabajo que se debería de hacer en la cuestión de los análisis de escenas de crimen de muerte de mujeres”, relató. 

Ese fue el inicio de su trabajo en las escenas de feminicidio y esa escena se convirtió en un parteaguas en la investigación del feminicidio en México. 

Finalmente fueron ocho las mujeres localizadas sin vida en ese cementerio clandestino. Esas tres mujeres del 6 de noviembre eran Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez, quienes presentaban signos de violencia sexual y por quienes en 2009 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Estado Mexicano como responsable en su desaparición y muerte. 

“Todas estas cajas son evidencias de –asesinatos de– mujeres, esto es consecuencia del Campo Algodonero, los protocolos que se siguen ahorita son consecuencia de Campo Algodonero, la forma de trabajar de dos peritos y un médico es a consecuencia de Campo Algodonero; por protocolos internacionales, el Protocolo de Estambul, el Protocolo de Minnesota. Se aplica eso a consecuencia de Campo Algodonero. Campo Algodonero es el parteaguas en México de la investigación de homicidios de mujeres, la sentencia sobre todo. Se exigió al Estado Mexicano que se actuara de forma más ordenada, más definida y tuvimos que adoptar todos los intervinientes, aunque todavía nos falte mucho camino por recorrer”, destacó.  

Hawley documenta su trabajo en cada escena con fotografías y video, además de alimentar un mapa con la ubicación geosatelital del sitio en donde son encontrados los cuerpos de las mujeres.

Rodeado de cajas llenas de evidencias, cintas amarillas, huellas encontradas en las escenas del crimen que reproduce en yeso, y una colección de calaveritas que le han sido regaladas, en el segundo piso del Laboratorio de Ciencias Forenses, el perito resguarda 28 años de la historia del feminicidio en Ciudad Juárez.

La Corte Interamericana dice “quemaron y destruyeron la evidencia… aquí está toda, toda, aquí está el expediente, está ordenado, todas las fotos”, aseguró al mostrar parte de las cajas en las que atesora las huellas de la muerte dolosa de mujeres en esta frontera. 

Frente a su computadora están las evidencias de víctimas no identificadas, también casos que ya fueron judicializados, pero que sigue guardando como rastro de la violencia de género. 

Después de trabajar en la escena del Campo Algodonero, el juarense continuó interviniendo en las escenas, “no importaba que saliera en la tarde, en la noche, en fin de semana, yo iba, yo trataba de ir”, narró. En 2003, fue invitado a formar parte de recién formada Unidad de Homicidios de Mujeres, integrada por peritos, médicos, ministerios públicos y agentes investigadores, la cual después se convirtió en la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género (FEM).

Permaneció en Feminicidios hasta 2007, cuando tomó la jefatura de Servicios Periciales y Ciencias Forenses, donde estuvo hasta 2009 cuando con la llegada del nuevo Sistema de Justicia Penal fue enviado a capacitar a los agentes de todo el estado, hasta que él mismo pidió su retorno a Feminicidios.

“Yo mismo pedí cambiarme otra vez para Feminicidios. Dije mándenme a donde pertenezco. Es que pienso que es la investigación más pura que se hace en las fiscalías, la investigación de homicidios de mujeres te da la oportunidad de desarrollar los temas forenses que se requieren, –lo cual es– un poquito más complicado en homicidios normales porque ya incluye crimen organizado, incluye otros temas. Y en el homicidio de mujer, hay más apoyo en ese sentido de ‘tú desarrolla toda la batería que tengas de conocimientos y aplícala’. Y me han dado la oportunidad de trabajar bien, en algunos casos. En otros se limita mucho la investigación, pero sí te dan la oportunidad”, señaló. 

Hawley ha visto a miles de víctimas, ha visto mujeres desmembradas, calcinadas, violentadas sexualmente, torturadas, estranguladas, atacadas a balazos o privadas de la vida con arma blanca. También ha registrado suicidios y muertes accidentales. 

Ha visto “de todo, de todo, ahorita el fenómeno que es más recurrente es el crimen organizado”, dijo quien hasta 2019 solamente acudió a casos tipificados como feminicidio, los cuales eran tomados por la FEM, mientras que ahora acude a todas las escenas donde hay una víctima mujer. 

El caso que marcó su trabajo fue el de Airis Estrella Enríquez Pando, de 7 años de edad, quien desapareció el 2 de mayo de 2005 y fue encontrada sin vida 13 días después dentro de un tambo lleno de cemento. 

La niña fue encontrada cuando un hombre encontró un tambo dentro de su vivienda de madera, a la altura del kilómetro 30 de la Carretera a Casas Grandes, y al tratar de sacarlo lo dejó caer y al partirse un pedazo de cemento observó uno de los pies de la menor.

“Fue Héctor Hawley antes de Airis y Héctor Hawley después de Airis. A Airis siempre la traigo aquí, Airis es el caso más impactante que he tenido de homicidio de niños… aparte teníamos un asesino serial que agarramos con Airis, Airis nos lo puso, y las otras niñas, fue un vaivén de emociones”, confesó quien todavía tiene pegada en la pared la imagen y la esquela de la menor, junto a las fotografías de sus hijos y la de su compañero de Feminicidios, Juan Luis Vázquez Pérez, quien fue asesinado en 2010. 

“De Airis, en la necro estuvimos como unas seis horas quebrando el cemento para sacar a la niña, estuvo muy impresionante”, relató. Aún recuerda cómo fue rescatando el cuerpecito frente a una pesquisa que tenían de ella en el Servicio Médico Forense (Semefo). 

“El caso Airis es otro parteaguas en Ciudad Juárez en los casos de las muertes contra las mujeres, sí estuvo muy impresionante. De ahí dije, no es que sea lo mío, sino que tengo que echarle más ganas en este trabajo porque no es voy y saco la producción mal o te hago la hamburguesa cruda, aquí tienes que hacerlo”, destacó. 

El caso de Airis llevó a la detención de Luis García Villalvazo, de 65 años, un vendedor de burritos quien fue sentenciado a 92 años de prisión tras ser acusado por tres niñas más a quienes violentó sexualmente. 

“Sin querer queriendo descubrimos un monstruo muy grande: Villalvazo. El ADN que recuperamos de la escena pegó con un ADN de California, en Estados Unidos, con una niña de siete años que en el 84 había sido privada de la vida también, entonces quedó la duda existencial de cuántas niñas hubo entre el 84 y Airis, que fue en 2005. ¿Cuántas niñas más?”. 

Entre las imágenes que el forense más recuerda de su trabajo son las de dos niñas más a las que violentó el mismo hombre. Una de ellas, al ver a su agresor a través de un vidrio “se me pone atrás y me agarra la camiseta muy fuerte, de la desesperación”, recordó. 

En ese mismo caso una doctora le pidió ayuda para tomar fotografías a una de las niñas violentadas, “la niña en vez de estar llorando estaba carcajeándose, pero fuerte… el tipo le había perforado el intestino. De la oficina del Ministerio Público se la tuvieron que llevar al hospital, porque la niña iba risa y risa y sangrando; entró en shock, pero la reacción de ella fue reírse, reírse a carcajadas. Y para mí son de las cosas que se me quedaron grabadas toda la vida”, relató. 

Después del primer respondiente, que suele ser la Policía Municipal, Hawley es el primero en ingresar a la escena del crimen cuando se trata de una mujer, trabaja en el levantamiento de evidencias, toma fotografías, llena los formatos, si se trata de feminicidio acude a la necropsia, y en algunos casos participa en el juicio. 

Él y sus compañeros han logrado dar con los responsables gracias a una cáscara de cacahuate, cuya mitad fue encontrada en el cuerpo de la víctima y la otra mitad en la casa del agresor. O por un pedazo de papel que un feminicida dejó en el lugar donde mató a su esposa y luego coincidió con la parte que le faltaba a su cajetilla de cigarros. 

“Es un sentimiento de logro”, dijo al recordar un caso en el que “los agresores la matan y la atropellan con el vehículo y le dejan marcada en la piel y alrededor del cuerpo, las rodadas. Entonces, yo hago una técnica de yeso dental y sacamos el molde. Eso se presentó en juicio. Y te sientes muy pleno en el hecho de que eso que aportaste tú sirvió” para que una persona sea culpada o puesta en libertad, “porque mi papel no es acusar a nadie, mi papel es que se establezca la verdad, yo nada más voy a aportar la prueba”, apuntó. 

Sin un horario, porque siempre está disponible cuando se trata de la muerte de una mujer, el perito también comprende lo difícil que son esos momentos para las familias. 

“Debes entender que si llegas a una escena y te gritan que eres lo peor, que eres lo más asqueroso del mundo tienes que empatizar con ellos… no ponerte sentimental, pero empatizar con lo que ellos están viviendo”, dijo al estar consciente de la visión que tiene la comunidad de la Policía en México. 

Pero en México también se respeta mucho a los peritos de Chihuahua debido a la experiencia que les ha dejado la violencia en Ciudad Juárez, por lo que incluso un estadounidense proponía que se instalara aquí un Centro Forense Mundial.

“Somos muy respetados, sea lo que sea, somos muy respetados a nivel República y a nivel internacional, porque sí tengo invitaciones fuera de también. He ido a España, he ido a Ecuador, y a gran parte de México”, aseguró. 

Hawley Morelos, quien actualmente tiene 50 años de edad, forma parte del Laboratorio de Criminalística de Ciudad Juárez que fue certificado en 2019 por la agencia internacional National Accreditation Board (ANAB), ofrece capacitaciones y es maestro en el Instituto Colimense de Ciencias Forenses, en el Colegio Libre de Estudios Universitarios (CLEU) Guadalajara, en el Instituto de Ciencias en Ciudad Juárez, en la UACJ y participa como maestro adjunto en la Universidad a Distancia de Madrid. 

Trayectoria    

•    Perito único en Feminicidios del Laboratorio de Criminalística de Ciudad Juárez 

•    Ofrece capacitaciones 

•    Maestro en el Instituto Colimense de Ciencias Forenses, en el Colegio Libre de Estudios Universitarios (CLEU) Guadalajara, en el Instituto de Ciencias en Ciudad Juárez y en la UACJ 

•    Participa como maestro adjunto en la Universidad a Distancia de Madrid

En corto

-El perito documenta su trabajo en cada escena con fotografías y video

-Alimenta un mapa con la ubicación geosatelital del sitio en donde son encontrados los cuerpos 

-Ha visto a miles de víctimas

Para apuntar

En México también se respeta mucho a los peritos de Chihuahua debido a la experiencia que les ha dejado la violencia en Ciudad Juárez, por lo que incluso un estadounidense proponía que se instalara aquí un Centro Forense Mundial