Juárez

Kingo Nonaka, el samurái de la Revolución

Nacido en Japón, viajó a México a los 17 años y llegó a Juárez siguiendo las vías del ferrocarril; fue afanador en el Hospital Civil, luego enfermero y finalmente capitán

Luis Carlos Cano
El Diario de Juárez

viernes, 20 noviembre 2020 | 06:00

Ciudad Juárez— Le llamaban el “samurái de la Revolución” por su país de origen, pero sin que lo hubiera planeado, José Genaro Kingo Nonaka atendió a Francisco I. Madero cuando éste resultó herido en la batalla de Casas Grandes, peleó en 12 batallas al lado de Francisco Villa y después ayudó en el rescate del cuerpo del general Rodolfo Fierro de la laguna donde se había ahogado.

Kingo Nonaka formó parte del Batallón de Salud y obtuvo el grado de capitán al ser parte de la División del Norte de 1913 a 1916, pero también trabajó como enfermero en Ciudad Juárez, en donde vivió buen tiempo, contrajo matrimonio y tuvo cinco hijos.

Uno de sus descendientes, Genaro Nonaka García, quien reside en Tijuana, Baja California, visitó Casas Grandes en el 2011 para tomar parte en los eventos por la conmemoración del siglo de la batalla registrada en esa región el 6 de marzo de 1911, comenta el historiador Miguel Méndez García, miembro de la Asociación de Cronistas de Casas Grandes.

Kingo Nonaka era originario de Fukuoka, Japón, en donde nació el 2 de diciembre de 1889, y a los 17 años de edad dejó de ser pescador de perlas para venirse a México.

Nonaka viajó con su tío Shokaro y su hermano Kinkuro en un barco con ruta Japón-Panamá, con escala en Hawái y con destino final en Salina Cruz, Oaxaca. En Hawái su hermano enfermó y fue regresado a Japón y su tío murió en Oaxaca.

Por falta de trabajo caminó por tres meses por las vías del ferrocarril hasta llegar a Ciudad Juárez con el fin de ingresar a Estados Unidos. Durmió en una banca de un parque y fue recogido por Viviana Cardón, jefa de enfermeras del Hospital Civil, donde fue afanador; para diciembre de 1910 recibió el nombramiento de enfermero de primera categoría.

José Genaro Kingo Nonaka escribió sus memorias, que posteriormente dio a conocer su hijo Genaro, y en ellas narra cuando atendió a Francisco I. Madero en Casas Grandes, comenta el historiador Miguel Méndez García.

“Cuando llegué a la casa de mi compadre, en viejo Casas Grandes, estuvimos platicando largo rato, interrumpiéndonos un fuerte tiroteo acompañado de cañonazos y el estallido de granadas durante varias horas. Después, un poco de calma y silencio, ya que el tiroteo había cesado, solo en la calle se escuchaba gente llorando, gritos, rezos, gente que hablaba en voz alta, me asomé por la ventana y comprobé lo escuchado, mi compadre me gritó advirtiéndome que me quitara de la ventana, por el peligro de alguna bala perdida.

En eso estábamos cuando tocaron a la puerta fuerte y con mucha insistencia, me asomé por la ventana y vi que eran los vestidos con sombrero tejano y que hablaban en voz alta. Abrió la puerta mi compadre y uno de ellos preguntó:

– ¿Tienen alcohol o petróleo?, lo necesitamos para un herido.

Y vi que traían a un señor herido de la mano derecha, me dirigí a él, que estaba sangrando abundantemente, le dije: Veo que viene herido y si usted gusta, yo lo curo, soy enfermero diplomado.

Y él me respondió: No necesitas decírmelo dos veces.

Al examinarlo me di cuenta de que no era una herida grave, que solamente fue el roce de una esquirla de granada lo que produjo la herida. Hasta ese momento, yo no sabía quién era ese señor. Solamente me fijé que era una persona de baja estatura, bien vestido, con sombrero tipo tejano, polainas, con bigote y barba estilo francés, comúnmente llamada ‘piochita’. 

Cuando terminé de curarlo, me dio las gracias y quería pagarme con un billete de 10 dólares, yo me negué a recibir la paga por la curación, argumentando que no cobraba por ese servicio, que era mi deber y me contestó: Tome el dinero y además, usted, doctor, se viene con nosotros, y será nuestro doctor, así es que póngase su saco y su sombrero y vámonos.

Volteé hacia la puerta y vi a los acompañantes de señor, uno llevaba el veliz de mi ropa y otro llevaba mi estuche médico, inmediatamente le dije:

– Señor, yo no puedo ir con ustedes porque estoy trabajando en el Hospital Civil y Militar de Ciudad Juárez, y si no me presento a trabajar, me tomaran como desertor y posiblemente, a la cárcel voy a parar.

Y el señor que curé me contestó: No te preocupes, yo respondo por ti.

Al día siguiente supe que el señor que curé era el jefe revolucionario Francisco I. Madero. ¡Vaya sorpresa!”, dice la narración de Nonaka.

Kingo fue reclutado como enfermero en la sección de sanidad del grupo maderista. Desde 1913 hasta 1916 participó en el batallón de salud al lado del general Francisco Villa, época en la cual recorrió el norte del país luchando al lado del “Centauro del Norte,” con quien compartió muchas anécdotas, que años después serían documentadas por su hijo Genaro en el libro “Kingo Nonaka, Andanzas Revolucionarias”.

Después de que Madero lo invitó a hacerse un enfermero para el movimiento, viajó con los revolucionarios a la Hacienda de Bustillos, donde conoció al coronel Francisco Villa, quien después de la batalla de Ciudad Juárez lo invita a ser parte de su Brigada Sanitaria.

Kingo Nonaka participa en 12 combates como el jefe de Sanidad del Batallón de Caballería de la División del Norte. Estuvo con el general Villa en las batallas de Chihuahua, Ojinaga, Bermejillo, San Pedro de las Colonias, Paredón, Torreón, Zacatecas y el Bajío. Se hizo muy amigo del general Villa. 

Después el capitán Kingo Nonaka dejó la sección sanitaria de la División del Norte y se regresó a Ciudad Juárez a trabajar en el Hospital Civil. 

Ahí conoció a la enfermera Petra García Ortega, originaria de Juan Mata Ortiz, pueblo cercano a Casas Grandes, con quien contrajo matrimonio y procreó a cinco hijos.

Curar a Madero no fue el único hecho en el que Kingo Nonaka había tenido relación con los revolucionarios, ya que también ayudó a rescatar el cuerpo del general Rodolfo Fierro, quien se había ahogado en una de las lagunas de Casas Grandes.

El historiador Miguel Méndez, de la Asociación de Cronistas de Casas Grandes, narra que luego de que Fierro se había ahogado y no salía su cuerpo a flote, Francisco Villa ordenó, antes de partir rumbo a Agua Prieta, Sonora, que si no encontraban el cuerpo de Fierro llamaran a Ciudad Juárez a Kingo Nonaka para que lo sacara de la laguna.

Villa sabía que Nonaka fue un buzo en Japón y por esta razón dejó esa instrucción de llamarlo para rescatar el cuerpo del general Fierro.

Estando en Ciudad Juárez recibió una llamada de su compadre Ricardo Nakamura diciéndole que de parte del general Manuel González y por órdenes del general Francisco Villa, se presentara con mucha urgencia en Nuevo Casas Grandes.

Llegó a Nuevo Casas Grandes y ya lo esperaba un mayor de nombre Jorge. Le preguntó para que lo mandaban llamar y le contestó: “Mi capitán Nonaka, es por este asunto del general Fierro”.

El general Manuel González bajó de su auto para saludarlo y le dijo: “Te llamé, capitán, porque el general Fierro se ahogó en la laguna hace dos días y no podemos sacarlo”.

“Me metí al fondo de la laguna que tiene más profundidad, a la altura de donde se suponía que cayera el cuerpo del general hasta donde llegaba el sobrante que venía la otra laguna por un canal que tenía aproximadamente 5 metros de ancho”, dice la narración en las memorias del japonés.

“Cinco días después localicé el cuerpo, pedí que se consiguiera una soga de más de 30 metros y cuando me la trajeron les di instrucciones de que fueran soltándola poco a poco para que con ese movimiento del agua no se me fuera a enredar.

Salí hasta la superficie y les hice una señal para que con la ayuda de un caballo jalaran lentamente aquella cuerda con esta finalidad de que no se nos fuera a soltar.

A pesar de la semana de muerto el cadáver de Fierro estaba como si se acabara de ahogar”, agrega.

En Casas Grandes se puso ese cuerpo en tren a Ciudad Juárez para practicarle una autopsia y allá sería recibido por el general Medinaveytia, jefe del Estado Mayor del general Villa, quien ordenó la autopsia.

En la ciudad de Chihuahua, doña Luz Corral pidió ver el cadáver y estuvo llorando frente a él por algunos instantes.

Años después, el 6 de septiembre de 1967, José Genaro Kingo Nonaka fue condecorado como capitán primero por el secretario de la Secretaria de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán, y por el presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz.

Recibió varias condecoraciones: la medalla al Mérito Revolucionario primer período 1910-1911, Ejército Maderista; al Mérito Revolucionario segundo período 1913-1914, Ejército Villista; de la Legión de Honor, y medalla de Condecoración de Veterano de la Revolución, División del Norte 1913-1917.

Después de una larga vida llena de aventura y anécdotas, falleció en la Ciudad de México en 1977 a la edad de 88 años. Fue sepultado en el Panteón Jardín.

Condecoraciones

• Medalla al Mérito Revolucionario primer período 1910-1911, Ejército Maderista

• Medalla al Mérito Revolucionario segundo período 1913-1914, Ejército Villista

• Medalla de la Legión de Honor 

• Medalla de Condecoración de Veterano de la Revolución, División del Norte 1913-1917