Juárez
Rescatistas juarenses

Sienten más miedo al Covid que a la violencia

'Alguien tiene que hacer algo por la ciudadanía, y nosotros escogimos esto'

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

sábado, 17 octubre 2020 | 06:00

“Es difícil, pero te tienes que hacer fuerte y seguir adelante, porque alguien tiene que hacer algo por la ciudadanía, y nosotros escogimos esto; es nuestro trabajo y nos gusta, así que tratamos de medir todos los riesgos potenciales”, confesó Leonardo Sánchez Acevedo, capitán segundo del Departamento de Rescate de Ciudad Juárez a siete meses del inicio de la pandemia por Covid-19. 

Con casi 15 años como paramédico, Leonardo se ha enfrentado a los riesgos que representó la violencia para su gremio, pero emocionalmente ha sido más difícil enfrentarse al Covid y saberse un riesgo para la familia, confesó.

Desde el inicio de la pandemia, el área Covid del Departamento de Rescate  ha atendido a 152 juarenses,  60 traslados a hospitales de casos confirmados del nuevo coronavirus, 84 enfermos que con síntomas señalados como de Covid por las autoridades de Salud que los atendieron en el número de Emergencias 911, y 12 casos más de personas que murieron en sus viviendas aparentemente a causa del virus.

Aunque los elementos destinados al área Covid son nueve divididos en tres turnos, sus compañeros se encargan de apoyarlos siempre en los protocolos de seguridad, por lo que la pandemia ha probado una vez más la vocación de todo el departamento que se encarga de salvar las vidas de los fronterizos. 

Protocolo especial

Las medidas de seguridad son permanentes, pero el protocolo especial comienza al recibir el llamado de emergencia de una persona confirmada o con síntomas de Covid-19 y concluye hasta que regresan al área de descontaminación, donde sus compañeros los apoyan a ponerse y luego quitarse dos trajes especiales completamente sellados.

Cuando tienen un traslado, lo primero que hacen sus compañeros en checarles la presión arterial, frecuencia cardiaca y saturación de oxígeno, para verificar que están aptos para apoyar a alguien más.

Luego los ayudan a colocarse el Equipo de Protección Personal (EPP), primero les colocan un par de guantes, un overol blanco que sellan a los guantes, luego el segundo par de guantes, después un overol tipo C, las botas, la máscara 95 y los googles o una mascarilla completa y finalmente les sellan el overol en las muecas y tobillos, así como en la parte frontal del zipper. 

Aunque al principio de la pandemia acudían tres paramédicos a cada atención, finalmente era mucho el desgaste para todos, por lo que actualmente acuden dos, además de que otro en una unidad de supervisión. 

Al llegar al domicilio de la persona enferma, el paramédico que va en la unidad de supervisión es quien se encarga del contacto con los familiares y recabar todos los datos, aunque desde que les pasan el llamado del 911 saben a qué hospital serán trasladados.

Los dos paramédicos que van en la ambulancia, la cual únicamente está destinada para pacientes Covid, se encargan de checar sus signos vitales, la temperatura y realizar el traslado.

Para los pacientes y los familiares, verlos llegar significa una esperanza, sin embargo su equipo de protección impresiona también algunas veces a las familias. 

Para él, “lo más difícil es cuando están gorditos”, confesó Leonardo, debido a que la utilización de dos trajes sellados de protección ya implica cierta deshidratación para los paramédicos, quienes se descontaminan al salir de la vivienda y antes de subirse a la ambulancia para comenzar el traslado.

Aunque actualmente hay saturación en algunos hospitales de la ciudad, los paramédicos trasladan al paciente para recibir indicaciones en el lugar.

Al regresar a la Estación Central de Bomberos, sus compañeros los ayudan nuevamente en el área de descontaminación. Primero ingresan a la regadera con todo su equipo puesto, luego los cepillan con jabón, regresan a la regadera y después son sanitizados.

El EPP les es retirado por capas, con el fin de evitar cualquier riesgo de contagio, por lo que son hidratados y revisados de la presión arterial, frecuencia cardiaca y saturación de oxígeno. 

“Es difícil trabajar con un equipo al que no estamos acostumbrados”, confesó Leonardo, de 38 años, quien es padre de tres niños de siete, 10 y 13 años de edad.

“Con mi niño más grande tuve que hablar, porque se estresaba mucho, porque me veía en las fotos… mi esposa también se estresa porque siempre somos los que andamos al frente”, relató.

A nivel personal, también ha reforzado su seguridad, por lo que al llegar a casa se sanitiza nuevamente y separa su ropa, narró al lamentar que los fronterizos no se protegieron lo necesario y debido a ellos en el último mes ha aumentado las atenciones por Covid que han realizado.

Aunque “se notó un pequeño descenso, sí sabíamos que esto iba detonar otra vez en cualquier momento porque las personas no hemos tomado las medidas adecuadas y era de esperarse. Pero nunca nos hicimos a la idea de que ya se terminó, siempre ha habido la misma seguridad”, destacó el capital segundo. 

Para Leonardo el rescatar a otras personas de la muerte se convirtió en una vocación en una ciudad donde le han tocado vivir las fuertes inundaciones registradas en 2006, los años de mayor violencia y actualmente la pandemia. 

“Lo más difícil ha sido esto, porque la gente ha sido muy irresponsable, mucha gente no tomó las medidas y por eso esto sigue. Y en la violencia la gente sí se resguardaba, y eran bastantes casos pero no como ahora en todos lados y donde todos estamos en riesgos… en la violencia resguardabas a tu familia y aquí eres un riesgo hasta para tu familia”, lamentó al pedirle a la comunidad que tome conciencia de la pandemia.