Opinion El Paso

Las tentaciones de Trump

Va perdiendo en todas las encuestas y retrasar las elecciones significaría que él extendería forzosamente su tiempo en la Presidencia

Jorge Ramos Ávalos / Periodista

domingo, 02 agosto 2020 | 06:00

Miami— Para los que hemos vivido o trabajado en América Latina, las tentaciones autoritarias y los desplantes fotográficos de Donald Trump, de pronto, se ven familiares. De hecho, los periodistas latinoamericanos estamos bien entrenados para lidiar con alguien como el actual presidente de Estados Unidos. Nos ha tocado ver una larga lista de líderes que abusan de su poder y utilizan a los soldados para su propio beneficio.

La democracia en Estados Unidos está a prueba. El Presidente se preguntó en un tuit si se deberían retrasar las elecciones presidenciales de noviembre por un supuesto fraude en la votación por correo. Por principio, no hay ningún fraude y Trump no puede tomar una responsabilidad que es del Congreso. Trump va perdiendo en todas las encuestas y retrasar las elecciones significaría que él extendería forzosamente su tiempo en la Presidencia, al igual que muchos líderes autoritarios han hecho en el pasado en América Latina.

Además de extender ilegalmente su permanencia en el poder, otra preocupación es el envío de Trump de agentes federales a Portland, Oregon, para contrarrestar las protestas de los últimos dos meses. La mayoría de los dos mil agentes movilizados forma parte de un grupo élite de la Patrulla Fronteriza (CBP). “Esto es un ataque a nuestra democracia”, dijo el alcalde de Portland, Ted Wheeler.

La demanda presentada por la procuradora general de Oregon contra el Departamento de Seguridad Interna y la Patrulla Fronteriza describe imágenes que me recuerdan las prácticas más tenebrosas de los sistemas totalitarios en América Latina. La queja dice que agentes federales “han usado vehículos sin identificar para manejar en el centro de Portland, han detenido a manifestantes, y los han puesto en vehículos sin identificar, sacándolos de lugares públicos y sin establecer una razón para su arresto”.

Este tipo de abuso contra civiles lo había escuchado de agentes de la seguridad del Estado en Venezuela y Nicaragua, y de los llamados “segurosos” en Cuba, pero no de operativos en Estados Unidos.

A menos de 100 días de las elecciones presidenciales, Trump ha amenazado con enviar a agentes federales a otras ciudades, como Albuquerque y Chicago. No es ningún secreto que, detrás de su mensaje de “ley y orden”, está su explícito deseo de reelegirse. Son votos a través del uso de la fuerza.

Esto no es nuevo. El pasado 1o. de junio, después de que Trump se escondiera en un búnker de la Casa Blanca, miembros de la Guardia Nacional y de la policía dispersaron con balas de goma y gases irritantes a cientos de manifestantes pacíficos del parque Lafayette. Y todo para que el presidente pudiera cruzar el parque y tomarse una fotografía con la biblia en la mano frente a la iglesia de St. John.

Lo que hizo Trump es muy inusual. En cambio, en América Latina, donde la mayoría de los países ya son democracias funcionales, algunos gobernantes han sacado a soldados y a agentes federales a las calles para imponer su voluntad y atacar a sus oponentes. Y los resultados han sido desastrosos.

El dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, utiliza a sus militares para matar, reprimir y mantenerse en el poder. Amnistía Internacional denunció que el año pasado “la policía y el ejército continuaron haciendo uso de fuerza excesiva y, en algunos casos, intencionadamente letal contra manifestantes”. Las dictaduras militares en Argentina y Chile fueron particularmente violentas y crueles con los civiles opositores en las décadas de los setenta y ochenta. En México, en 1968 el Ejército asesinó a decenas y quizás cientos de estudiantes en la masacre de Tlatelolco.

La tan criticada decisión de Trump de enviar a agentes federales a otras ciudades, y su tuitera idea de retrasar las elecciones, son ahora un serio desafío para la democracia estadounidense. Y para que la nación no caiga en el autoritarismo es preciso una prensa vigilante, un Ejército profesional y apartidista, y la independencia del Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

Al final, estoy convencido, Estados Unidos sobrevivirá las tentaciones autoritarias de Trump. Es, quizás, mi optimismo de inmigrante. Este todavía es un país mucho más fuerte que cualquier individuo con falsos sueños de grandeza.