Opinion El Paso

Los republicanos se rindieron ante el Covid-19

El partidismo ha paralizado nuestra respuesta a la pandemia

Paul Krugman / The New York Times

lunes, 29 junio 2020 | 06:00

A principios de este año buena parte de Estados Unidos pasó por un infierno mientras la nación luchaba para lidiar con el Covid-19. Ahora, más de 120 mil estadounidenses han muerto y más de 20 millones se han quedado sin empleo.

Pero parece que todos esos sacrificios fueron en vano. Nunca conseguimos controlar el coronavirus y ahora las infecciones, aunque han caído a un nivel bastante bajo en el área de Nueva York, el epicentro original de la pandemia, están aumentando en buena parte del resto del país.

Y las malas noticias no se deben solamente a la realización de un mayor número de pruebas. En los nuevos puntos de contagios importantes, como Arizona (donde la capacidad de hacer pruebas está llegando a su límite) y Houston, la fracción de pruebas que dan positivo se está disparando, lo cual demuestra que la enfermedad se está extendiendo rápidamente.

No tendría que haber sido así. La Unión Europea, un área enormemente diversa con una población mayor que la de Estados Unidos, ha tenido mucho más éxito que nosotros a la hora de limitar la propagación de la Covid-19. ¿Qué falló?

La respuesta inmediata es que muchos estados de Estados Unidos ignoraron las advertencias de los expertos en salud y se apresuraron a reabrir sus economías y demasiadas personas ignoraron las precauciones básicas como usar cubrebocas y evitar aglomeraciones. Sin embargo, ¿por qué hubo tantas tonterías?

Bueno, sigo viendo declaraciones que dicen que los estadounidenses estaban demasiado impacientes por mantener el rumbo, demasiado indispuestos a actuar de manera responsable. Pero esto es profundamente engañoso, porque evita confrontar la esencia del problema.

Los estadounidenses no fallaron la prueba de Covid-19; los republicanos, sí.

Después de todo, el noreste del país, con sus gobernadores mayoritariamente demócratas, ha actuado con la cautela necesaria para reabrir y sus cifras se parecen a las de Europa. California y Washington son estados azules que están viendo un aumento en los casos, pero es desde una base relativamente baja, y sus gobernadores demócratas están tomando medidas como exigir el uso de cubrebocas y parecen estar listos para revertir su reapertura.

Así que las noticias realmente malas vienen de los estados controlados por los republicanos, en especial Arizona, Florida y Texas, que se apresuraron a reabrir y, aunque algunos están ahora en pausa, no han revertido el curso. Si el noreste se parece a Europa, el sur está empezando a parecerse a Brasil.

Tampoco son solo los gobernadores y las legislaturas estatales republicanas. Según la encuesta de The New York Times/Siena, los electores en general están muy a favor de dar prioridad al control de la pandemia sobre la reapertura de la economía; pero los electores republicanos, presumiblemente siguiendo el ejemplo de la Casa Blanca y Fox News, opinan lo contrario.

Y no se trata solo de decisiones políticas. El partidismo también parece estar impulsando el comportamiento individual, ya que quienes dicen ser demócratas son considerablemente más propensos a usar cubrebocas y aplicar el distanciamiento social que quienes se identifican como republicanos.

La pregunta, entonces, no es por qué “Estados Unidos” no ha logrado lidiar con la pandemia de manera eficaz, sino por qué el Partido Republicano se ha aliado con el coronavirus.

Parte de la respuesta es la política cortoplacista. A principios de este año el mensaje de reelección de Donald Trump tenía que ver mayormente con el triunfalismo económico: el desempleo era bajo, las acciones estaban al alza y él contaba con que las cifras favorables continuaran hasta noviembre. Trump y sus funcionarios desperdiciaron semanas cruciales negándose a reconocer la amenaza viral porque no querían escuchar ninguna mala noticia.

Y presionaron para una reapertura prematura porque querían que las cosas volvieran a lo que parecían ser en febrero. De hecho, hace unos días los mismos funcionarios de Trump que inicialmente nos aseguraron que la Covid-19 no era gran cosa, salieron a desestimar los riesgos de una segunda ola de contagios.

Sin embargo, yo sugeriría que la negación del coronavirus por parte del Partido Republicano también tiene raíces más allá de Trump y sus posibilidades electorales. Diría que el punto clave es que el Covid-19 es como el cambio climático: no es el tipo de amenaza que el partido quiera reconocer.

No es que la derecha sea adversa al catastrofismo, pero no quiere que la gente sienta temor por amenazas impersonales que requieren una respuesta política efectiva, sin mencionar inconvenientes como el uso de cubrebocas; quiere que tema a la gente que puede odiar: gente de una raza diferente o liberales arrogantes.

Así que en lugar de enfrentar al Covid-19, los líderes republicanos y las figuras mediáticas de derecha han tratado de convertir la pandemia en el tipo de amenaza de la que quieren hablar: es la “gripe kung” (kung flu), que nos endosaron los villanos chinos, o es un engaño perpetrado por el “Estado médico profundo”, que solo busca una forma de dañar a Trump.

La buena noticia es que la política de negación del virus no parece funcionar. Por un lado, eso se debe a que el racismo no funciona como antes: los manifestantes de Black Lives Matter han recibido un amplio apoyo público, a pesar de los esfuerzos de los sospechosos habituales de retratarlos como hordas desenfrenadas. Por otro lado, el aumento de las infecciones se está volviendo demasiado evidente para negarlo; hasta los gobernadores republicanos admiten que hay un problema, aunque todavía no parecen estar dispuestos a actuar.

La mala noticia es que el partidismo ha paralizado nuestra respuesta a la Covid-19. El virus está ganando y todo indica que los próximos meses serán una aterradora pesadilla de enfermedad rampante y trastornos económicos.