Opinión

Clase política, participación política y discriminación

Las sucesivas encuestas dan cuenta del descrédito de gobernantes, políticos profesionales y partidos políticos

Sergio Pacheco González
Analista

martes, 23 febrero 2021 | 06:00

Es al italiano Gaetano Mosca a quien se atribuye la elaboración del concepto de clase política. En su texto Elementos de Ciencia Política (1896), hace referencia al predominio de una clase dirigente sobre la sociedad. De sus características, destaca su reducido número y el monopolio que posee en el ejercicio de poder. Este privilegio, le posibilita dirigir a la mayoría, haciendo uso para ello de recursos pretendidamente legales, cuando no arbitrarios y violentos. 

Al respecto, el Diccionario Electoral, del Instituto Nacional de Ciencia Política, A.C., precisa al respecto que, de acuerdo con lo expuesto por Mosca, “en cada sociedad existe una división entre una minoría que gobierna y una mayoría que es gobernada, pues esta última carece de las capacidades intelectuales y técnicas para ponerse de acuerdo, organizarse y dirigir aun su propia existencia; de modo que la fuerza de la minoría organizada es irresistible. Esta minoría es la clase política.”

Vale la pena citar estas referencias a propósito del escándalo y el escarnio que se han desatado en redes sociales y medios de información por la pretendida participación de personas conocidas por sus actividades artísticas, deportivas o de espectáculos.

A la luz del contenido referido y de los juicios expresados, ninguna de las personas contaría con los atributos y los blasones necesarios para formar parte de la clase dirigente.

Es decir, carecen de capacidades intelectuales y técnicas para ocupar u ejercer cargos de representación popular y de gobierno.

Para estas personas, como para la ciudadanía en general, su participación política debiera reducirse entonces, a aprobar el día de la elección, a quienes la clase política ha preseleccionado entre sus propios miembros. Nada diferente a lo que ha sido la norma, con sus claras excepciones.

Así, la participación política, entendida como la actividad que desarrolla la ciudadanía para influir en las decisiones políticas, se reduciría, para la mayoría, en un ritual que válida periódicamente el estatus de la clase política, como clase dirigente y a la vez, la subordinación de la mayoría, aun cuando aquella actúe en contra del interés de ésta.

Afortunadamente, la ciudadanía hace uso de diversas estrategias de participación política no convencional, manifestaciones o huelgas no autorizadas, cortes de tráfico, toma de edificios que, aunque de manera limitada aún, ha frenado y corregido algunas acciones de quienes conforman la clase política.

En este sentido, es factible poner en duda los criterios de capacidad intelectual y técnica de quienes han ocupado y ocupan los cargos de representación popular, así como de quienes gobiernan. 

Basta un recorrido por esta ciudad, para poner en tela de duda la aplicabilidad de estos criterios. Una ciudad, parafraseando a Eduardo Galeano, con sus venas abiertas. 

Las sucesivas encuestas dan cuenta del descrédito de gobernantes, políticos profesionales y partidos políticos. Los casos de corrupción en que la clase política participa evidencian la falacia del argumento que se esgrime en contra de las y los intrusos. ¿Cómo se les ocurre?

Se constituye así, un discurso que favorece la discriminación.

Como se señala en la página electrónica del CONAPRED, “Para efectos de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, se entenderá por esta cualquier situación que niegue o impida el acceso en igualdad a cualquier derecho...”

“Por ello, debe quedar claro que para efectos jurídicos, la discriminación ocurre solamente cuando hay una conducta que demuestre distinción, exclusión o restricción, a causa de alguna característica propia de la persona que tenga como consecuencia anular o impedir el ejercicio de un derecho.”

Otra cara de la falacia consiste en considerar que, dadas las actividades profesionales de las y los candidatos ajenos a la clase política, son de suyo incapaces intelectual y técnicamente de coordinar un equipo de trabajo o de representar dignamente los intereses de sus representados, en el caso de que obtuvieran, primero la candidatura y después el triunfo en las urnas.

Se puede alegar que una de las personas propuestas haya expresado en rueda de prensa no saber qué hacía ahí, más que contaba con un grupo de personas tras suyo o que otra haya manifestado no saber nada de política.

Pues bien, si hacer política significa, en una de sus facetas conocidas en el ejercicio de poder, corrupción. No conocerla constituye un plus. Se demandaría que, en caso de triunfar, la honestidad sea uno de sus distintivos.

Por otra parte, a quien habría de cuestionar es a las dirigencias de los partidos. ¿Cuáles son sus argumentos?