Opinión

¿Constitucionalismo popular o constitucionalismo populista?

Cuando la SCJN conoció sobre la constitucionalidad de la consulta popular para juzgar a los expresidentes, no solamente abrió las puertas al debate específico sobre la materia

Jesús Antonio Camarillo
Académico

sábado, 10 octubre 2020 | 06:00

Cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación conoció sobre la constitucionalidad de la consulta popular para juzgar a los expresidentes, no solamente abrió las puertas al debate específico sobre la materia sino también a un abanico de implicaciones sobre su papel como guardián de la constitucionalidad en México, esto es, la discusión no únicamente versa sobre las razones que llevaron a la mayoría de los ministros a rechazar el proyecto de su colega Luis María Aguilar, sino que se extiende a concepciones que con frecuencia se pasan por alto, o en su caso, son arropadas con significados que ameritarían más de una observación.

Uno de estos puntos es el de la adscripción de etiquetas a lo que sucedió en la sesión de la SCJN. Cuando se dio a conocer el resultado de la deliberación del alto tribunal, muchos analistas se apresuraron a calificar como “populismo constitucionalista” lo que había ocurrido en el seno de la Corte. Se entiende la premura y la oportunidad política para calificar así a una decisión de un Tribunal Constitucional, pero más allá de esa específica coyuntura sería conveniente preguntarnos si en efecto estamos ante la presencia de un constitucionalismo populista.

Quizá una forma plausible de aproximarnos al problema sea partir de la distinción entre un constitucionalismo populista y un constitucionalismo popular. No son lo mismo y aunque ambos hacen del “pueblo” el eje sobre el cual giran sus postulados y su manera de comprender la esfera fundamental de la constitucionalidad, en realidad hay una marcada brecha entre ellos.

El constitucionalismo populista hace del “pueblo” una unidad orgánica, omnicomprensiva, idealizada, prácticamente capaz de suplir a todos los órganos públicos por medio de su voluntad omnímoda, pero en realidad ficticia, pues hace uso del liderazgo de unos cuantos como subterfugio para canalizar sus supuestas determinaciones. El constitucionalista populista asume que la voluntad del pueblo es lineal, homogénea e infalible.

En cambio, el constitucionalismo popular si bien dota de una importancia irreductible al pueblo y a las decisiones de las mayorías, rescatando y poniendo en un primer plano la participación y la consideración de la gente “de a pie”, no idealiza al pueblo ni lo aprecia como un todo homogéneo. Para el constitucionalismo popular una de las claves para no incurrir en populismos es la consciencia del desacuerdo y la pluralidad.

El constitucionalismo popular no cree que el pueblo llegará a través de su presunta unidad a respuestas últimas o que finalmente tendrá la única interpretación correcta en materia constitucional, sino que va explicitando su voluntad a través de problemáticas específicas, en las que el disenso y el desacuerdo son una constante.

Otro de los rasgos medulares del constitucionalismo popular es su permanente objeción a que la interpretación constitucional quede solamente en manos de “élites judiciales” o “élites epistemológicas”. Así como el pueblo debe participar en la configuración de un diseño constitucional, así también debe tener injerencia en la labor interpretativa de las Constituciones.

En la deliberación que llevó a cabo la SCJN sobre la constitucionalidad de la consulta, la ministra Margarita Ríos-Farjat rozó la idea de lo que denominó un “constitucionalismo democrático” apelando a la idea de que la interpretación del derecho constitucional no sólo se debe hacer en el seno de las interacciones entre los ministros, sino también entre las interacciones entre la gente.

Por supuesto, la corriente del constitucionalismo popular es desconocida por muchos de los operadores del derecho, y para otros, es simplemente inaceptable bajo una concepción decimonónica y conservadora.

Sea como sea, las distinciones son importantes para calificar o encuadrar el trabajo de la Corte mexicana. No veo a una Corte cercana al populismo constitucional; sí veo a algunos ministros próximos al constitucionalismo popular. Distingamos.

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