Opinión

El agua de Chihuahua… la dignidad de un pueblo

Cuando se teme o se prevé que una situación puede ser motivo de disputa, lo más conveniente es acordar sobre lo que puede ocurrir

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 13 septiembre 2020 | 06:00

Cuando se teme o se prevé que una situación específica, bien identificada y focalizada, puede ser motivo de disputa entre dos o más personas, lo más conveniente es acordar sobre lo que puede ocurrir, dado que se conocen bien los elementos que pueden ser causa de conflicto, lo mejor es anticiparse a los hechos estableciendo reglas, consensos y compromisos que obligan a todas las partes a realizar determinadas acciones.

Y ese modelo aplica igual para personas que para instituciones, empresas, organizaciones, países o estados, ya sea para regular los posibles conflictos entre integrantes al interior de cada uno, o para normar la relaciones entre distintos entes, ya sean países, ciudades u organizaciones, el principio es el mismo.

Bien, pues en fechas recientes -desde hace ya casi un año- y pese a existir un tratado internacional firmado en 1944, como nunca en la historia de esos 76 años, se ha presentado en la entidad un conflicto por el agua entre productores agrícolas y autoridades federales, escalando ya a niveles de verdadero estallido social.

En términos generales y grosso modo, el tratado de 1944 es el documento legal en el que se establece cómo se deben repartir, México y Estados Unidos, el agua de los ríos Colorado, Tijuana y el río Bravo (Grande), desde Fort Quitman, Texas, Estados Unidos de América, hasta el Golfo de México, a fin de obtener su utilización más completa y satisfactoria.

Así pues, en virtud de ese tratado, por periodos quinquenales (ciclos de cinco años) Estados Unidos entrega a México cuatro mil 317 millones de metros cúbicos de agua y, en contrapartida, México debe entregar a Estados Unidos 410 millones de metros cúbicos. Actualmente estamos en el ciclo 35 (quinquenio) y de acuerdo con la documentación consultada en CILA (Comisión Internacional de Límites Aguas), México no tiene adeudo alguno por ese concepto con el vecino país.

En el tratado se establece con claridad que los volúmenes de agua que entregan ambos países corresponden a los escurrimientos y demasías en las cuencas de los ríos mencionados, así como los correspondientes en México;  Río Conchos, Río San Diego, Río San Rodrigo, Río Escondido, Río Salado y Arroyo de Las Vacas.

A pesar de que el conflicto no tiene poco tiempo, la postura del gobierno federal no ha variado un milímetro a la que ha venido presentando recurrentemente: se tiene que extraer agua de las presas de Chihuahua para el pago del tratado, aunque eso represente dejar sin agua las presas del estado y, con ello, la afectación importante para el próximo ciclo agrícola.

En varias de sus conferencias de prensa mañaneras, el presidente López Obrador ha sido insistente en señalar manejos político-electorales en el conflicto, desconociendo el componente fundamental de la inconformidad de los agricultores: contar con el agua suficiente para sus cultivos del próximo ciclo agrícola.

Luego de varios meses de mantener el control de las presas, primero a través del ejército y luego de la Guardia Nacional, el pasado martes un grupo muy numeroso de productores agrícolas y trabajadores del campo en general, hay quienes hablan de más de cinco mil, llegaron hasta la presa La Boquilla y lograron que los elementos de la Guardia Nacional la desalojaran.

Armados con palos y varas, así como con “escudos” de plástico, los agricultores tomaron la presa La Boquilla en protesta a lo que llamaron traición del gobierno federal y del estatal, ya que por meses los mantuvieron con promesas y acuerdos que nunca se cumplieron mientras se continuaba extrayendo el agua de las presas La Boquilla y Las Vírgenes.

Desafortunadamente, muy desafortunadamente, ese mismo día por la noche, un comando de al menos trece elementos de la Guardia Nacional abrió fuego contra un matrimonio de agricultores que habían participado ese día por la mañana en los hechos de la Boquilla, privando de la vida a Yessica Silva y dejando muy mal herido a su esposo Jaime Torres. La sangre de inocentes manchó el actuar de las autoridades federales en Chihuahua.

Estamos, sin duda alguna, ante lo que se perfila como un conflicto que raya en estallido social ya, y que a todas luces era completamente innecesario pero que la torpeza de funcionarios federales complicó en extremo, al punto de mantener al presidente de la República en franco rechazo a lo que ocurre en Chihuahua.

El artero crimen de Jessica, los primeros reportes señalan que ella y su esposo recibieron los disparos por la espalda, desató una reacción inmediata de la sociedad no solo de Chihuahua sino del país entero, condenando el crimen y exigiendo justicia para castigar a los responsables. Sin duda alguna se trató de un claro caso de abuso de fuerza letal en contra de inocentes.

Durante cuatro días consecutivos los hashtag #FuerzaChihuahua #Chihuahua y #ElNorteSeLevanta fueron Trending Topic en nuestro país, alcanzando cifras récord de menciones. Así mostró el pueblo de México su solidaridad con Chihuahua y con los agricultores chihuahuenses.

Pero ¿de qué se trata en realidad todo esto? ¿Cuál es la razón real de este conflicto grave? Luego de ver y escuchar versiones de todas las partes y de analizar detalladamente lo que señala el tratado de 1944, tengo claro para mí que se trata de la típica cerrazón y obstinación del presidente López Obrador, que no acepta de ninguna forma que le corrijan, que le enmienden la plana. Yo quisiera creer que es solamente eso y no alguna otra razón más ominosa.

Los funcionarios federales se quejan de que los agricultores mienten cuando dicen que están en riesgo sus cultivos del próximo ciclo agrícola, y se ufanan al afirmar que no les ha faltado el agua. Nunca, en ninguna de las entrevistas o exposiciones que revisé para realizar este articulo nadie menciona que les ha faltado el agua, lo que dicen es que les faltará para el siguiente ciclo agrícola, en razón de la sequía pronunciada que la misma Conagua reconoce y prevé en su página oficial.

El Gobierno federal sostiene, a través de Conagua y de la SRE (Secretaría de Relaciones Exteriores), que es urgente cumplir con el 100 por ciento de la cuota asignada para este quinquenio y que son poco más de 410 millones de metros cúbicos de agua, incluso aseguran que es una exigencia del gobierno norteamericano que, de no cumplir, estaríamos en puerta de un conflicto internacional que podría llegar hasta la revisión del mismo tratado, que hoy por hoy es altamente beneficioso para nuestro país. Lo cierto es que el gobierno norteamericano no se ha manifestado en ese sentido de ninguna forma, ni ninguna de sus agencias correspondientes.

Los productores agrícolas afirman que el tratado de 1944 indica con meridiana precisión que el agua que se utilizará será la de escurrimientos y demasías, lo que se ha venido cumpliendo cabalmente por 74 años, pero nunca se había utilizado el agua de las presas para el pago del tratado, y menos con niveles tan bajos de captación como los que en estos momentos presentan todas las presas de Chihuahua. Y efectivamente eso es lo que dice el tratado a la letra.

Lo que es peor aún, ante la afirmación de Conagua y de la SRE sobre la exigencia de EU para cubrir un adeudo del ciclo 34 (quinquenio anterior), existen documentos oficiales que contradicen tal afirmación, en la página oficial de la embajada de EU, en el enlace https://bit.ly/3ip1KzO, y en la página oficial de CILA en el enlace https://www.ibwc.gov/Files/Press_Release_022416.pdf, ambos documentos fechados en febrero de 2016, se puede leer con toda precisión y contundencia que México no le debe agua a EU por concepto del tratado de 1944, correspondiente al ciclo 34. Entonces ¿Por qué miente el Gobierno federal? ¿A dónde se llevan el agua? ¿Para quién es?

Ante tantas contradicciones, errores e impericia fatal, al presidente López Obrador no le queda claro que ya ni siquiera es el tema del agua, con su soberbia y tozudez desmedidas agravió de fea forma la dignidad de todo un pueblo, un pueblo orgulloso de sus raíces y que no pide que le den nada, pero tampoco permite que le quiten.

Resulta evidente que el presidente está muy mal informado, pero está más mal asesorado en temas históricos. Los chihuahuenses no vamos a permitir un atropello brutal a nuestra dignidad, y si la sangre corre será por la decisión de un hombre que prefiere combatir a agricultores productivos que a narcotraficantes asesinos.