Opinión

Encrucijadas

'Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos'. Frase atribuida a Porfirio Díaz

Carlos Irigoyen
Analista

viernes, 20 noviembre 2020 | 06:00

“Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Frase atribuida a Porfirio Díaz, expresada en el contexto de las relaciones tan peculiares que tiene (y sigue teniendo) México con el vecino país. Una forma bonita, sarcástica y poética de decir que las cosas no están bien. Y es que “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, afirmó Napoleón Bonaparte.

Estas frases nos caen como “anillo al dedo” como dicen por ahí, México hoy como nunca está sometido a la ambigüedad del fin de una calamidad, a la polarización y el desgarre social, el riesgo de desaprovechar la oportunidad de tener una generación con una mayor y mejor preparación académica, y por si fuera poco,  una clase política que en su mayoría se la pasa peleando por las posiciones del poder, la victimización de sus estatus en la vida pública; una ausencia de liderazgos que nos conllevaría a la frase que reza “el que no conoce a Dios a cualquier santo le reza”. No hemos aprendido a hacer comunidad, somos solidarios pero no hemos llegado a la fase de crear el colectivo. Aún seguimos en una ambivalencia abrumadora; por un lado afirmamos que vamos en pos de la conquista de nuevos lugares de competitividad, pero por el otro el látigo de la corrupción, el cinismo, el descaro, la demagogia y la indolencia se enseñorean en nuestra nación. 

Nuestro modelo educativo está sufriendo un proceso muy fuerte de adaptación; por las circunstancias, el modelo comienza a dejar de lado la innovación de la escuela en casa para pasar al cuestionamiento de la efectividad de los nuevos canales de comunicación de los conocimientos; si bien el modelo ha ayudado a inhibir la dispersión del virus por la aglomeración de estudiantes, no estábamos preparados para el aprendizaje a distancia; no solo en los medios que facilitarían el proceso como una tablet, una computadora, la televisión; hablemos de la mentalidad y los hábitos de estudio, la disposición del seno familiar para facilitar los procesos de enseñanza-aprendizaje; por un lado protegemos la salud de los estudiantes y en el otro el modelo es cuestionado en la calidad de sus resultados.

De los empresarios, aquellos que tienen un capital y que lo ponen en riesgo para generar riqueza tanto propia como para la sociedad, han tenido que innovar, adaptar, transformar y revisar sus modelos de negocio sin el apoyo gubernamental. Se estima que el 92 por ciento de las microempresas tuvieron una fuerte caída de ingresos, el 87 por ciento de las pequeñas y medianas empresas también resintieron esa situación e incluso, el 35 por ciento de las consideradas como grandes fueron afectadas en sus ingresos. La ambivalencia, por un lado se le pide el apoyo al empresario con sostener al personal, trabajar con estrictos protocolos de higiene y tener precios competitivos. Por el otro, enfrenta costos de operación mayores, una sociedad en la que algunos creen que la pandemia es un cuento y que gasta en lo que considera indispensable, amén de un gobierno que no tiene claridad en cuanto a los apoyos económicos para el sector empresarial. La ecuación de un lugar habitable está incompleta si faltan las empresas.

Luego el gobierno, y si no podía faltar; las elecciones 2021 empezaron en pleno 2020 al ritmo de la pandemia, cuidándose del virus y más allá de eso, de sus contrincantes políticos. Lamentable que algunos personajes piensen más en cómo llevar votos a sus molinos que sumar buenas voluntades para aspirar a crear un colectivo fuerte, unido, íntegro y con liderazgo visionario para salir de la pandemia y hacer que el país siga caminando, no por inercia y sí por un sistema que nos ayude a fortalecer el tejido social, económico y en general el entorno del desarrollo y crecimiento de nuestra nación. La ambivalencia, por un lado van primero los pobres con discursos llenos de buenas intenciones, por el otro las acciones de la clase política han hecho que haya una incredibilidad total a la frase de “vamos requetebién”, o una molestia cuando escuchamos que la pandemia “ha caído como anillo al dedo”.

Y por último la sociedad. Habremos de aprender a dejar de pensar que “papá gobierno” que alguien más sean los que provean todas las soluciones. Nomás falta que algunos quieran que haya personas en cada esquina pendientes de que estén usando cubrebocas, que la gente mantenga la sana distancia, que les apliquen gel o que por favor no hagan fiestas o reuniones. La ambivalencia, todos ya tenemos un caso cercano de coronavirus, hemos escuchado de personas allegadas que han fallecido, algunos que quedaron con secuelas fuertes y por el otro, no vale usar bien el cubrebocas, renegamos de las disposiciones oficiales para entregar a lugares, queremos ir en bola al super o de plano festejar el cumple de alguien, y así pues no se puede.

La pandemia es un elemento que llegó para quedarse, si no entendemos la gravedad del asunto es porque de plano no nos interesa la vida. 

Son momentos de encrucijada, pero como siempre tenemos la oportunidad de decidir y actuar.