Opinión

Guerra de estrategias electorales

En tiempos de elecciones 'el más pelón se peina y el más chimuelo masca chicle'

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 21 febrero 2021 | 06:00

En tiempos de elecciones “el más pelón se peina y el más chimuelo masca chicle” como reza un refrán de la sabiduría popular, con lo que se pretende decir que lo que menos se espera o se cree, puede suceder, y también que menos creemos que sea capaz de algo, lo hará, y bueno, pues por eso lo utilicé porque ilustra a la perfección lo que ocurre durante cualquier proceso electoral.

No es que en realidad los políticos se vuelvan superhombres o supermujeres y puedan lograr todo lo que se proponen, pero sí se lo creen y, en consecuencia, intentan de todo y veremos de todo en este proceso electoral.

En Chihuahua, en junio este año, se elegirá gobernador del estado, se renovará el Congreso, las 67 alcaldías así como todas las autoridades municipales, además de los nueve diputados federales que le corresponden al estado, con lo que el platillo electoral es de grandes dimensiones. Y eso trae alborotada la gallera.

¿Quiénes contienden? Por el PAN y el PRD en alianza va Maru Campos, por el PRI está Graciela Ortiz, Movimiento Ciudadano envía a Alfredo “El Caballo” Lozoya, el abanderado de Morena es Juan Carlos Loera de Rosa, por el PVEM va Misael Máynez, el doctor Alejandro Díaz (Covid Hunter) abandera a Fuerza México mientras que Encuentro Solidario (PES) y Redes Progresistas aún no definen si mandan candidato o se unen a la alianza PAN-PRD o alguna otra coalición electoral. No hay candidato independiente a la gubernatura.

Hasta este momento, esos son los contendientes y sus respectivas propuestas partidistas o ideológicas que los abanderan. Sin embargo, con lo endeble y volátil que se ha puesto recientemente el tema de las militancias partidistas y la lealtad a principios e ideologías, todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Antes de entrar en materia sobre las estrategias electorales que hasta hoy han dejado ver los candidatos y sus partidos, echemos un vistazo general a lo que significa el proyecto de gobernar el Estado Grande. Como grande también debe ser el esfuerzo para alcanzar este objetivo.

Todos sabemos que una elección se gana con votos ¿Cuántos votos hacen falta para ganar la gubernatura de Chihuahua? Bueno, la pregunta no es sencilla de responder porque la respuesta va en función directa de diversas variantes, pero atendiendo al histórico de votación en el estado, podemos decir que para ganar la gubernatura se requiere un mínimo de 550 mil votos.

En 2004, José Reyes Baeza obtuvo 561 mil votos contra 410 mil de Javier Corral. Seis años más tarde, en 2010, Cesar Duarte ganó con 600 mil votos la gubernatura, mientras Carlos Borruel obtuvo 423 mil. Luego, en 2016, Javier Corral Jurado en su segundo intento, obtuvo 508 mil votos contra 393 mil de Enrique Serrano, es decir, el ganador ha obtenido en promedio 556 mil 300 votos por elección y ese número es el piso del cual deben partir quienes aspiran a gobernar el estado.

De acuerdo con el IEE, al último corte del 2020, en Chihuahua la lista nominal de electores se compone de dos millones 858 mil 784 chihuahuenses con sus derechos a salvo para votar este año, es decir, quien desee ganar las elecciones este año debe conquistar la voluntad del 20 por ciento de la lista nominal.

Literal, el candidato o candidata que desee gobernar el estado debe “enamorar” a dos de cada diez chihuahuenses que conforman la lista nominal, al menos. Por tanto, una primera premisa de la estrategia electoral es: hacer “tiros de precisión”. Es decir, mensajes nítidos, directos y específicos claramente enfocados a ese universo de votantes.

Para lograr ese primer objetivo, cada candidato dispone de 60 días para convencer a sus 550 mil electores, pero obviamente, debe llegar a todos. En otras palabras, cada candidato debe convencer a nueve mil 167 electores cada día de votar a su favor. 

Conseguir 550 mil votos a favor de cualquier candidato, en un período de 60 días no es, en forma alguna, una tarea fácil. Por el contrario, es una empresa que requiere proyecto, planeación estratégica, organización, seguimiento, recursos y, sobre todo, una lectura adecuada de las circunstancias políticas y sociales del momento. Ni más ni menos.

Convencer a nueve mil 167 electores por día significa lograr la voluntad positiva de 764 cada hora, debido al período de campaña tan breve que concede hoy la Ley electoral a los candidatos, lo que necesariamente exige estrategias electorales muy eficientes y efectivas para lograr la meta.

Toda campaña electoral requiere de tres elementos indispensables: candidato, recursos y estrategia (proyecto integral), no puede faltar ninguno de estos elementos.

El candidato debe cumplir con un mínimo de características de acuerdo a un perfil ideal. Debe contar con un buen reconocimiento y aceptación social, es decir, no basta con que sea medianamente o muy conocido, sino que debe predominar en su favor una buena opinión de la sociedad. 

En las circunstancias y condiciones actuales, quien aspire a gobernar el estado debe contar al menos con un 40 por ciento de reconocimiento social y con una opinión positiva mínima del 60 por ciento. Porcentajes menores a esos hacen prácticamente imposible posicionarlo en tan poco tiempo de campaña. Nadie vota por quien no conoce o por quien conoce muy poco o por quien sí conoce, pero tiene una opinión negativa de él o ella.

Para una gestión adecuada de la campaña se requiere de recursos humanos, materiales y financieros. Hay que armar equipos de trabajo, pagar oficinas, mantas, carteles, diseñadores gráficos, publicistas, operadores de campo, coordinadores de eventos, traslados, gasolina, teléfonos, internet, comidas, reuniones, y todo, todo, todo eso significa o un costo económico, o de apoyos materiales y, claro, de personas para hacerlo. Sin recursos, no hay campaña. Y además, recursos suficientes. 

Una vez que se tiene al candidato idóneo, y que se cuenta con los recursos suficientes, hay que elaborar una estrategia integral de campaña, que no es otra cosa que un plan de trabajo bien definido, muy detallado a nivel de hora por hora, día por día, y persona por persona, es decir, se debe realizar una planeación estratégica para definir la propuesta de gobierno, los canales de difusión, los mecanismos de medición y control del avance de la campaña, las líneas discursivas del candidato, los eventos a realizar, los responsables de cada tema o acción, así como los plazos exactos para cada elemento de la estrategia.

Ningún equipo electoral se puede dar el lujo de sacar un candidato a la calle a inventar o improvisar la jornada de cada día, ni a pasársela reaccionando a lo que hacen los demás. Eso condena al equipo, al candidato y al partido al fracaso total.

En ese orden de ideas, y sin entrar a analizar su estrategia global de campaña (porque ya no tiene caso si es que tienen alguna), puedo adelantar que Alejandro Díaz y Misael Máynez están fuera de la jugada. No tienen oportunidad alguna. Su reconocimiento social está muy por debajo del mínimo requerido y ya no les alcanza el tiempo para llevarlo a los niveles que requieren.

Alfredo “El Caballo” Lozoya y Graciela Ortiz están en “la rayita” de quedarse fuera, ambos por razones distintas pero muy similar en cuanto a oportunidades reales de ganar.

En el caso el presidente municipal con licencia de Parral, su posicionamiento (reconocimiento social) es muy bajo en todo el estado, porque recordemos que es una elección estatal y, si bien goza de buen posicionamiento en el corredor de los municipios contiguos al que gobernó, en el resto de la entidad es, todavía, prácticamente un desconocido y como ya dijimos anteriormente una campaña de 60 días no le alcanzará para remontar ese bajo nivel de reconocimiento, pero además también se advierte en su estrategia electoral una importante deficiencia en el tema de creatividad en el marketing político y en su comunicación política, confundiendo la chabacanería de propuestas “pueblerinas” con propuestas innovadoras o de avanzada. 

En el caso de Graciela Ortiz el problema no es el reconocimiento social, ya que la política priista es bastante conocida, y en general también goza de buena opinión, su problema más fuerte son los negativos del brandig negativo del PRI que aun no termina de reponerse de los efectos de la aplastante derrota en 2018. Difícilmente superará Chela Ortiz ese escollo además de que hay muchas posibilidades de que, desde el centro del país, llegue la instrucción fulminante para que decline su candidatura en favor de la panista Maru Campos.

Así pues, este análisis nos deja como finalistas a Maru Campos y a Juan Carlos Loera de la Rosa, con una amplia ventaja hasta este momento para la alcaldesa con licencia que, si bien ha sido formalmente acusada por cohecho y otros delitos por la FGE, cuenta con una percepción positiva generalizada entre los chihuahuenses.

Aunque también hay que señalar que a favor de Maru, han jugado un papel importante otros elementos que regularmente no se consideran en un proceso electoral. Primero, la acusación penal en su contra lejos de perjudicar sus aspiraciones se ha convertido en una especie de blindaje social, porque han terminado victimizándola lo que se ha convertido en su mejor estrategia electoral y, en segundo lugar, una especie de cargada en las encuestas nacionales que, desde mediados del año pasado, la han venido posicionando en primer lugar, mientras que a favor de Loera apenas tres ejercicios de medición que le favorecen, digamos que es una especie de marcador de encuestas 12 a 3 favor de Maru. 

También es cierto que Loera poco ha hecho por remontar esa diferencia, es decir, utilizar la mercadotecnia política para potenciar, para multiplicar, el efecto del trabajo de campo. No es lo mismo visitar y saludar de mano a 300 personas en un día, que llegar a decenas de miles a través de las herramientas del marketing y la comunicación política.

Este es un primer acercamiento al escenario electoral de este año, a partir de lo que hasta hoy hemos podido apreciar, seguiremos realizando este tipo de análisis para comentarlo con usted, aquí en este espacio.