Opinión

Juárez y la desigualdad social

El ser humano es sociable por naturaleza. Es esta primicia la que ha dado pie a la construcción de una sociedad cuyos roles son determinados por un contrato social

Mayra Chávez
Abogada

miércoles, 06 enero 2021 | 06:00

El ser humano es sociable por naturaleza. Es esta primicia la que ha dado pie a la construcción de una sociedad cuyos roles son determinados por un contrato social que sirva de base para fundamentar los derechos humanos, pero también para establecer las obligaciones. 

Estos derechos y obligaciones deben de generalizarse en completa igualdad, pero con esto no me refiero a la igualdad que deriva en un concepto simplista que no visualiza desigualdades de fondo, sino en un concepto que realmente tenga como objetivo generar circunstancias de igualdad.

Es así como surge la idea de un Estado que provea de seguridad a todas las personas que habitan en un determinado territorio. Una seguridad que implique protección frente a las conductas que sean realizadas por otras miembras de la sociedad, que represente la tranquilidad de tener comida en la mesa, abrigo, un techo, acceso a la educación, al trabajo, etc.

Definitivamente, ninguna sociedad lo ha logrado en su totalidad. Son muchos los esfuerzos que se realizan para abatir estas grandes brechas. En algunas sociedades han resultado más efectivos que en otras, pero el común denominador de aquellas, no que lo logran porque eso sería referirnos a utopías, que lo intentan y que sus intentos logran resultados, es el gran avance que se refleja en lo colectivo.

Si bien estas circunstancias son muy notorias en el comparativo individual, son aún más notorias cuando se generan en una macrodimensión como lo puede ser una ciudad, un país o inclusive regiones separadas por fronteras culturales, ideológicas o religiosas que marcan notables diferencias en la vida de seres humanos iguales en su composición, no así en su desarrollo.

Ejemplos de estas diferencias entre los modos de vida y las costumbres de unos y otras regiones hemos visto muchos, todos con desenlaces trágicos que han lacerado a la comunidad internacional. Esto no impide que estos desniveles se sigan presentando. En nuestra comunidad fronteriza los observamos diariamente. Basta con salir y preguntarle a alguna persona que cruce por el camino, qué fue lo que le llevó a migrar a esta ciudad. Serán pocas las ocasiones en que su decisión de migrar no radique en la emergencia de una mejor (no buena, sino solamente mejor que la que tenía) condición de vida para esa persona y para su familia.

Ese comparativo pudiéramos hacerlo con nuestra ciudad. Juárez es un municipio en el que se generan grandes oportunidades económicas, lo que trae consigo tasas de empleabilidad que a simple vista podrían ser envidiables. Representa el centro urbano de mayor población en el Estado con más de un 40 por ciento de la población de Chihuahua. Es la frontera más importante de México y su bagaje histórico es tan amplio que inclusive ha sido capital de esta República.

Si manifestáramos solamente estas características a quien no conociera del antecedente de nuestra ciudad, creería que es una metrópoli con un importante agregado cultural que emana de su población flotante multicultural. Nadie pensaría que una de las características que más la identifican son el ser la segunda ciudad más violenta del mundo, los crímenes contra mujeres y el  narcotráfico.

Desde luego que si nos adentramos a nuestro gran Estado, se pueden percibir fácilmente grandes diferencias. Realizando un comparativo con la segunda ciudad más poblada que es Chihuahua, podríamos observar marcadas diferencias en la infraestructura: calles, avenidas, puentes, señalética, parques y hasta las entradas a la ciudad (que por cierto las de Juárez son evitadas cada vez que es posible, de forma justificada o no). 

Si visualizamos más allá de la infraestructura urbana podemos percibir, lo tal vez más importante, las desigualdades en la calidad de vida de cada uno de los habitantes de ese territorio. Evidenciando así, como es que dentro de un mismo territorio, es decir dentro de una misma Entidad Federativa, se generan condiciones diferenciadas para unas en comparación con otras a las que solo las separan unos kilómetros de distancia.

Esta situación no puede y no debe pasar desapercibida para quienes estén interesadas o interesados en buscar gobernar el Estado de Chihuahua. Cuando se generan estas condiciones desiguales entre particulares, debe atenderse a través de políticas públicas que identifiquen características comunes y que resuelvan el fondo de ese génesis. Cuando estas desigualdades son tan identificables entre sociedades, solamente con una visión que asuma el incumplimiento al pacto social y en consecuencia de especial atención a esas comunidades (entre ellas Juárez) es como se puede abatir.