Opinión

La lógica del utilitarismo en las candidaturas

utilitarismo -clásico- al que refiere el título, es una forma de pensamiento construido por Bentham

Jorge Breceda
Analista

sábado, 20 febrero 2021 | 06:00

El utilitarismo -clásico- al que refiere el título, es una forma de pensamiento construido por Bentham -principio de utilidad y de igualdad-, seguido por Stuart Mill –diferencia entre placeres y felicidad- y concluye con la aportación que hace Singer -igualdad y diferencia de las personas-.

Esta corriente filosófica plantea como idea central la ausencia de la neutralidad en cualquier aspecto y pensamiento de la vida, ya que lo importante será determinado por la cuantificación aplicada, en una pregunta: ¿cuál es la rentabilidad de las cosas, personas, ideas, costumbres, principios o valores? 

Estos parámetros valorativos -asignación de valor- que inicialmente tienen su nacimiento en la economía, seguramente, por su correcta formulación teórica fueron adoptados por campos como la sociología, la política y lamentablemente por la ética contemporánea. 

Ahora bien, en el ámbito político regional, se han presentado múltiples candidatas (os) -nominales y plurinominales- en el inicio del periplo a las elecciones del 6 de junio, caracterizadas por su postura utilitarista. 

En este sentido, la oferta de los partidos políticos parecería producción -cual maquiladora-: pensamiento y comportamiento, ambas características bajo un eje transversal idéntico, consistente en ponderar o discriminar la cualidad y exaltar la cantidad o el beneficio. 

De lo antes dicho, se instituye un criterio utilitarista en el actuar político, éste radica en que los (as) contendientes a cargos públicos instituyen dos categorías de evaluación, lo cualitativo y lo cuantitativo, la primera, se observará como inútil, la segunda, como lo transcendental, un ejemplo en la vida común es asignarles mayor valor a unas pinzas que sufrir síntomas del síndrome de Stendhal por observar el “Retrato del padre del artista” de Picasso. 

En la materia electoral, se observan candidatos con un deseo incesante de darse “baños de pueblos” al recorrer determinadas calles de su distrito electoral o “vendiéndose” como las personas más caritativas del norte del país por dar despensas, esa vanagloria de ínfima calidad moral se expone al permanente interés del lucro mediático, buscan el “me gusta” de Facebook, el retuitear de Twitter, entre otros. 

Pensar y actuar de esa manera tiene un núcleo de tristeza absoluta porque exhibe el despropósito humano, ya que nos encontramos con políticos -en ciernes- que, con ahínco y obstinación convierten una sonrisa falsa en un voto, una frase obvia ubicua en promesas insustanciales que le darán visualización pública o en términos dramáticos: blasonar por haber tendido una mano al necesitado.

Es decir, la actuación política bajo el utilitarismo impone una pregunta inicial que es ¿para qué sirve?, esto transforma la realidad, ya que es un lente que permite observar la desgracia como oportunidad de lucro, la pobreza en clientelismo, el sufrimiento en falsas soluciones y las ilusiones insustanciales en voto.  

De lo anterior, sobresale la pregunta ¿cómo la ciudadanía permitió ser abiertamente cosificada? La respuesta es porque nos encontramos bajo la dominación de la dictadura del utilitarismo, socialmente le asignamos valor hasta al tiempo, basta con recordar “el tiempo es dinero”, tal locución es la que funda que el padre piensa que pierde (valor capital) el tiempo al escuchar a su hijo, al usar frases como: “tiempo de calidad”. 

Otro ejemplo de estar subsumidos -sociedad juarense- en el utilitarismo se clarifica al observar el estado en el que se encuentra la Escuela de Agricultura de los Hermanos Escobar, “al no tener valor”, se le abandona al extremo de solo quedar ruinas, situación lamentable. 

Aun con lo expuesto, no cabe duda de que -en términos literarios- la luz brilla en la oscuridad, es decir, aquel (la) candidato (a) que empatiza con el frío que sienten sus simpatizantes en el mitin o el riesgo que tienen en una caravana ante el Covid, será el primer motor de cambio para llevar electricidad a un pueblo en penumbras. 

¿Cómo distinguir a ese candidato (a)? Fácil, aquel (lla) que en lugar de actuar bajo la cuestión ¿para qué sirve…? Se pregunte ¿para qué puedo servir?, esa persona tendrá como característica la excelencia, es decir, a lo que los griegos le llamaban árete, cuyo significado no solo poseer una virtud, sino ésta ponerla al beneficio de la comunidad gratuitamente.