Opinión

La ruta troncal, un monumento a la corrupción

Recién que comenzó su administración, Javier Corral dijo que Chihuahua tendría un Nuevo Amanecer

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 10 enero 2021 | 06:00

Recién que comenzó su administración, Javier Corral dijo que Chihuahua tendría un Nuevo Amanecer. Pues nunca llegó la luz, todo quedó en una idea (mala por cierto). Durante su primer periodo al frente del gobierno estatal, la única misión era meter a la cárcel a César Duarte. Y, para justificar la parálisis de la obra pública, el discurso de Corral estaba concentrado en una falacia: “se robaron todo”.

Esta excusa es falsa, puesto que el presupuesto se va gastando mes con mes y además está etiquetado. Entonces, no hay dinero para gastos no programados (esto sucede siempre, pero mucho más en los primeros tres meses de cada administración). 

En 2016, la cantaleta de “no hay dinero” se derrumbó cuando Corral pidió un primer préstamo de mil 800 mdp recién que tomó protesta. Cuando le autorizaron el préstamo, entonces comenzó la debacle presupuestal.

Y, en enero de 2017, comenzó el nuevo ciclo presupuestal -que casi llega a los 70 mil mdp en Chihuahua-, a partir de ese momento -hasta la fecha-, la administración del presupuesto es responsabilidad de Corral cien por ciento.

La falacia de que Corral no hace nada porque “no hay dinero”, siguió dos años en la mente infantil de los corralistas que decían “no se hace nada porque Duarte se robó hasta los focos”. Hasta que la mentira cayó por su propio peso.

Olvidemos por un momento que una de las promesas incumplidas fue bajar la deuda estatal (promesas del corazón como dijo Pablo Cuarón, secretario de educación, cuando rechazó la posibilidad de las becas universitarias). Pues cualquier especialista en finanzas de medio pelo sabe cómo ir bajando una deuda gradualmente, es cuestión de mucho trabajo de análisis y de un escrupuloso manejo de los recursos. Nada de eso hay en el gobierno estatal desde hace 4 años.

Corral es malo para gobernar, eso ya lo sabemos. Quizá la sociedad no espera nada de los políticos, pero en cuestión de dinero estar en la nada ya es un logro. Si no se resuelve el anagrama de la deuda ni modo, no se pudo lo óptimo. Pero en Chihuahua la situación está peor porque, encima de no frenar la deuda -ni disminuirla-, Javier Corral aumentó la deuda un 20 por ciento.

Corral va a dejar la deuda en 60 mil mdp, unos 10 mil más que César Duarte -que por cierto arrastraba 30 mil de su antecesor Reyes Baeza-. En este análisis es importante mencionar que Patricio Martínez apenas había llegado a unos 5 mil mdp, una deuda que todavía era bastante manejable. En resumen, quien aumentó en 600 por ciento la deuda fue Reyes Baeza y, además, dejó al estado en ruinas de el tema de seguridad, eso tuvo un costo muy alto para reactivar a las corporaciones policiacas, no es por justificar a César Duarte, pero recuperar la seguridad no fue de a gratis.

Hoy, Javier Corral quiere otro préstamo más de mil 600 millones de pesos y en los próximos meses seguramente pedirá otro más, el gobernador está desatado a siete meses de entregar la silla. Tanto así, que el siguiente gobernador (o gobernadora) encontrará de nuevo las cuentas vacías del gobierno estatal y tendrá que pedir un crédito a finales del 2021. Y esto tiene otra repercusión, entre más le debe Chihuahua a los bancos más caro es el dinero que pide prestado por los intereses.

Ahora la otra cuestión. El dinero que necesita Corral es para terminar obras públicas. Entre ellas, la Ruta Troncal en Juárez, la obra peor planeada de la historia reciente. Pero Corral está aferrado, necesita una gran obra para demostrar que hizo algo, aunque sea a costa del futuro de las finanzas de Chihuahua.

La Ruta Troncal en Juárez ni siquiera atiende a la necesidad más apremiante de transporte público de la ciudad. Hay por lo menos tres elementos que se deben considerar para un proyecto de esta magnitud: primero, que beneficien a la mayor cantidad de personas; segundo, que cubra una necesidad en una zona donde no hay acceso al transporte público y; tercero, que no perjudique las vías de tránsito más importantes.

Ninguno de esos requisitos se cumplen con la Ruta Troncal. La gran necesidad de transporte está en el sur oriente de la ciudad, para conectar el área de El Valle de Juárez con lo más profundo del sur, por allá en la Talamás Camandari. Además, por la Carretera Juárez-Porvenir hay espacio para los nuevos carriles. Ahí es donde se necesita la Ruta Troncal.

Toda la 16 de septiembre es una zona vieja que ha quedado deshabitada; en la Paseo Triunfo de la República solo hay comercios. Por otro lado, es increíble que se hayan planeado varias estaciones donde no hay nada, como en Vicente Guerrero y Panamericana, es absurdo, pero más ilógico es dejar sin un carril una arteria tan transitada, no aprendieron nada de los errores en el Eje Vial Juan Gabriel, donde se convirtió en una trampa de tráfico en hora pico. Entonces, es ingenuo pensar que el gobierno estatal contempló todas estas circunstancias. Lo sabían y aún así lo hicieron, eso se llama negligencia.

Lo más grave, es que se hizo sin un plan de ningún tipo. Corral ordenó comenzar la obra, a pesar de que no contar con el dinero para hacerla. El 21 de agosto visitó la ciudad el secretario de Hacienda, Arturo Herrera y el gobernador Corral le mostró las obras que requieren de financiamiento, entre ellas, la Ruta Troncal. Pero la estrategia de pedir dinero de urgencia no funcionó con la 4T. Poco tiempo después se peleó con el Presidente de nuevo y se le cerraron las puertas a Corral.

La Ruta Troncal está a punto de convertirse en el “elefante blanco” más costoso de la historia, porque Javier Corral no obtendrá el préstamo que ha solicitado y la obra se quedará a la mitad. Fue una decisión precipitada, apurada por el cierre del gobierno y por las elecciones que suena al año de Hidalgo.

Independientemente de las irregularidades financieras -que pronto se sabrán- y de que la Ruta Troncal sea un plan atropellado, la obra representa este quinquenio, así fueron los cinco años de Javier Corral, llenos de irregularidades, sin planeación y sin rumbo.

Para concluir, la peor forma de corrupción es la ineptitud, por eso, la Ruta Troncal es un monumento a la corrupción por negligencia y es responsabilidad de Javier Corral.

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