Opinión

Las tres muertes de Marisela Escobedo

Dicho documental refleja la cruda realidad que se ha vivido y que se sigue viviendo cuando hay exigencia de justicia

Olivia Aguirre Bonilla
Académica

jueves, 15 octubre 2020 | 06:00

Ayer fue el estreno del documental titulado “Las tres muertes de Marisela Escobedo” en Netflix, el cual fue dirigido por Carlos Pérez Osorio.  

Dicho documental refleja la cruda realidad que se ha vivido y que se sigue viviendo cuando hay exigencia de justicia por parte de las víctimas, se refleja la larga travesía que enfrentan las víctimas para exigir una reparación integral del daño, reparación que en muchas ocasiones no se da, como en el presente caso.  

Se relata la historia de una madre, quien en búsqueda de justicia por el feminicidio de su hija Rubí Marisol, termina siendo una víctima más pues fue asesinada 16 de diciembre de 2010 en las puertas de Palacio de Gobierno de Chihuahua, asesinatos que a la fecha continúan impunes.

La historia que se narra surge a partir de feminicidio de Rubí, mejor conocido como el “Caso Rubí”, este asunto fue de los primeros en llevarse en el nuevo sistema de justicia penal acusatorio en Chihuahua, en donde el feminicida era la pareja sentimental de Rubí, el señor Sergio Rafael Barraza quien después de asesinarla la metió en un tambo de basura y la quemo, arrojando sus restos a un basurero. 

Gracias a la búsqueda incansable de Marisela y con el apoyo de las autoridades, el señor Sergio Rafael Barraza es detenido para enfrentar un proceso penal, por el homicidio agravado de su hija Rubí, proceso que termina con la absolución del imputado en juicio oral.

Este proceso evidenció las deficiencias en ley del nuevo sistema de justicia penal, una de ellas es en lo que respecta a la interposición del recurso de casación que en el presente caso interpuso la Fiscalía en contra de la resolución que absolvía al entonces imputado Sergio Rafael Barraza, recurso que tenía como fin invalidar la resolución que emitió el Tribunal que conoció del juicio oral de Rubí, sin embargo, antes de que dicho recurso se resolviera se le dejó en inmediata libertad. Y es que la ley no establecía que debiese permanecer la medida cautelar impuesta hasta que un Tribunal de Alzada resolviera el recurso de casación.

Fue por ello que, a partir del presente caso, se reforma la ley, con la finalidad de incorporar la subsistencia de la medida cautelar hasta que el Tribunal de Alzada resolviera la casación, reforma que a la que se le conoció como la Ley Rubí.

En el presente caso, cuando el Tribunal Oral absuelve a Sergio Rafael quien era la pareja de Rubí, obtiene su libertad, e inmediatamente huyó, es así que cuando el Tribunal de Alzada revoca la resolución del Tribunal Oral, se ordena su detención por el delito de homicidio agravado cometido en contra de Rubí Marisol, sin embargo, fue demasiado tarde, pues Sergio Rafael se había esfumado y posterior a ello jamás se logró su detención. 

Marisela fue y será un ejemplo de lucha, de fortaleza, una mujer admirable, quien siempre se mantuvo de pie exigiendo justicia para su hija, justicia que desgraciadamente nunca llegó, y es que el caso de Marisela es el reflejo de muchas madres que han perdido a sus hijas y las cuales se han topado con indiferencias de las autoridades, revictimización, malos tratos, procesos de investigación incompletos, archivados, jueces sin visión de perspectiva de género, un sin fin de trabas y bloqueos que ha intentado callarlas, desanimarlas, incomodarlas, cansarlas, y ellas siguen de pie demostrando que hay esperanza en la búsqueda de justicia.

Esta historia nos llama a ser empáticos del dolor ajeno y nos invita a exigir justicia no sólo cuando hemos sido víctimas de algún delito, sino cuando cualquier persona lo sea. 

El Estado mexicano tiene la obligación de investigar de manera expedita y diligentemente, de garantizar el derecho a la verdad a las víctimas, y de garantizar una verdadera reparación integral, y si no se hace, se debe exigir. Esperamos que este caso muy pronto llegue a los estrados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se condene al Estado por el incumplimiento de sus obligaciones.

Donde la justicia no llega, hay que exigirla, y si ello implica morir de pie, es preferible que morir de rodillas.

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