Opinión

Moctezuma, la energía y la seguridad

No me cabe duda que Esteban Moctezuma puede ser un buen embajador en Washington

Jorge Fernández Menéndez
Analista

viernes, 19 febrero 2021 | 06:00

Ciudad de México.- No me cabe duda que Esteban Moctezuma puede ser un buen embajador en Washington. No tiene experiencia diplomática, pero tiene las credenciales y el tono político adecuado para esa responsabilidad. El problema, en realidad, no es Esteban, sino la agenda que llevará consigo ante la Casa Blanca, que depende de decisiones que se tomen en México.

¿Con qué se encontrará Moctezuma en la Unión Americana? Con un país muy polarizado, donde acaba de concluir el segundo impeachment de Donald Trump, con un nuevo fracaso legislativo, a pesar de que, por mayoría, tanto la Cámara de Representantes como el Senado, votaron porque el expresidente sea juzgado por sedición. Incluso el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, aceptó que Trump era el responsable de provocar la toma del Senado el 6 de enero, pero votó en contra del juicio político porque, argumentó, como Trump ya no es presidente, no puede ser juzgado por ese delito.

Todo eso ocurre cuando Biden está tratando de encauzar un gobierno que borre las políticas trumpianas y, al mismo tiempo, rescate al país de la pandemia y reactive la economía. El esfuerzo realizado hasta ahora es notable: un alto porcentaje de la población ya se ha vacunado contra covid y la campaña avanza con más de millón y medio de inoculados al día. Al mismo tiempo, el plan de apoyo económico más importante de la historia comenzará a aplicarse en cuanto salga del Congreso (hoy tiene ya mayoría, pero Biden quiere incorporar republicanos al mismo para que sea concebido como un plan bipartidista) y contempla apoyos de todo tipo por nada más y nada menos que 1.9 billones de dólares. Si la doble estrategia, vacunación masiva y plan de recuperación, tiene éxito, hacia fines de abril estaríamos viendo un inicio cierto de recuperación en la Unión Americana, en el cual el tema energético será central.

Pero no estamos, como país y, por ende, no lo estará el nuevo embajador, contando con un fuerte bagaje para insertarnos en ese escenario. Primero, en la Unión Americana, sobre todo en el entorno de Biden y en quienes manejan su política regional, quedan muchas aprehensiones respecto al papel jugado por México en el tardío reconocimiento a Biden y el apoyo a Trump, no sólo en sus cuestionamientos de la elección, sino incluso por la posición asumida cuando se decidió cancelar las cuentas del entonces presidente porque hacían llamados a la sedición. Lo cierto es que ya está Biden en la Casa Blanca y no hemos tenido aún, desde el ámbito presidencial, ningún gesto poderoso de relanzamiento de la relación.

Eso se agudizará con temas muy puntuales. Uno de ellos es el T-MEC, sobre todo en relación con el capítulo energético. Ya lo hemos dicho muchas veces, la nueva norma energética que quiere imponer el gobierno federal no sólo es retrógrada, sino que violará la Constitución y los tratados internacionales, en particular el T-MEC. Ya ha habido advertencias de todo tipo al respecto y la propia ineficiencia de la CFE (que ha vuelto a poner de moda los apagones de los años 70 y 80) lo confirman.

Vamos hacia un notorio retroceso en energía al mismo tiempo que Estados Unidos relanza una política que apostará, como nunca, a las alternativas limpias y renovables. Vamos a apostar por los combustibles fósiles, cuando podríamos alimentar con gas, tanto importado de la Unión Americana como extraído en México, a buena parte de nuestra generación de energía, más allá de la enorme oportunidad que nos brindan opciones como la generación eólica o solar. Vamos a invertir los escasos recursos públicos en áreas ineficientes que podrían ser financiadas eficientemente por el capital privado.

Habrá un choque inevitable que se traducirá en numerosos pleitos en tribunales internacionales y del propio T-MEC. No es una conspiración de productores desplazados, es una exigencia de que se respete la seguridad jurídica de contratos firmados por el gobierno de México y avalados por la ley y la Constitución. Ya lo hemos dicho, si el gobierno considera que la Constitución está mal, que presente una iniciativa para reformarla y, si lo logra, que lo aplique en leyes secundarias, recordando algo que no es menor, las leyes no se pueden aplicar en forma retroactiva.

El otro gran tema es la seguridad. Estamos en un momento marcado por la desconfianza mutua en ese ámbito. El intercambio es el más débil que se ha tenido en mucho tiempo. Ambas partes, los gobiernos de México y de Estados Unidos, tienen razones de peso para alimentar, los dos, esa desconfianza. Lo que sucede es que, sin un nuevo marco de colaboración, los daños serán muy altos. La agenda en seguridad es amplísima y hoy está casi congelada. Para avanzar en ella se requieren acuerdos específicos, concretos y que se puedan llevar a la realidad. Pero no nos engañemos, los acuerdos en seguridad sólo pueden ser el reflejo de otros mucho más amplios en la agenda bilateral, que aún están lejos de concretarse.