Opinión
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Nomás le faltó la grosería del traje de baño

La realidad es que estaba el señor muy enojado y no tenía intenciones de cambio para este fin de semana

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 22 noviembre 2020 | 06:00

-Nomás le faltó la grosería del traje de baño

Por la fuerza de la razón le fue arrancado a la insensibilidad, la irresponsabilidad y la falta de cumplimiento a una palabra empeñada, el fin del decreto inconstitucional que paralizó y sometió a severo castigo a los chihuahuenses dos largos fines de semana con el toque de queda.

Con solidaridad y con más resignación que convicción, aceptaron el 4 de noviembre los sectores económicos formales e informales del estado, y hasta los gremios de la salud, la decisión unipersonal de Javier Corral por apagar luces y enrejar pueblos y ciudades desde las siete de la tarde de los viernes y hasta las seis de la mañana de los lunes.

Abusos por miles fueron cometidos al amparo de ese decreto que ordenó el gobernador publicar en el Periódico Oficial del Estado (POE) para que adquiriera fuerza legal aunque por abajo de la Constitución Política de la República por constituir un abierto toque de queda que limitó y castigó el libre tránsito de las personas.

Fue integrado un ejército que las propias autoridades llamaron “células Covid” conformadas por agentes de vialidad, policías municipales, policías estatales e inspectores de Gobernación y de transporte que lo mismo reventaron lugares donde se vendía alcohol clandestino, fiestas escandalosas, puestos ambulantes de todo tipo...

Pero también pasaron esas células como plaga tan destructora como el objetivo de su estrategia: atacar el coronavirus, sobre negocios con clausuras y grandes multas, por conductores que hasta por ignorancia o por necesidad salieron de sus domicilios y sobre familias castigadas aun en el interior de sus hogares. Ni qué agregar de los restaurantes, sus principales víctimas, que por cierto siguen cerrados en el casi naranja.

Gobierno estatal y municipales alzaron cada día como trofeos las cifras de multas alcanzadas y hasta de gente humilde llevada a la cárcel por falta de cubrebocas.

Caerán algunos pesos en las cajas recaudadoras al momento que los sancionados concurran a pagar sus castigos o a recoger los cientos de autos llevados a los corralones de tránsito en toda la entidad; disfrutarán inspectores, policías y agentes viales las mordidas ejecutadas, pero nada recuperará la imagen de ingobernabilidad producida.

Quedan para el registro del pánico, del horror, de la psicosis colectiva, las fotos y los videos de las filas enormes en los supermercados y en los bancos. Peleas. Agresiones. Detenciones. Muchísima gente tratando de reforzar sus alacenas para viernes, sábado y domingo frente a la incertidumbre de los días siguientes.

Miles de padres y madres de familias con salarios mínimos semanales corriendo de su trabajo al supermercado aun con el sobre de su sueldo en mano o esperando en los estacionamientos su pago electrónico para comprar el “mandado” de la semana antes de las siete de la tarde de los viernes.

Javier Corral lleva casi 30 años sin despegarse de la nómina pública. Desconoce lo que son carencias y premuras para “completar” la quincena. O mejor dicho, ya las olvidó, porque no siempre ha sido un hombre adinerado y con millonarias propiedades en Juárez, Chihuahua capital, Mazatlán, la Ciudad de México y otros lugares (por esto desapareció ya su declaración patrimonial de los registros de transparencia). Antes de tal opulencia fue humilde en más sentidos que el económico.

Para efectos de su decreto de toque de queda, olvidó pues el gobernador que tan solo en la industria maquiladora labora más de medio millón de personas y otras tantas en otros sectores económicos que reciben su salario por semana y por lo regular nada más y nada menos que los viernes.

Al concluir sus jornadas de trabajo se vuelcan a comprar sus alimentos de la semana siguiente. Si bien les va (por aquello de las horas extras) ordenan sus casas y conviven con sus familias los sábados, “descansan” los domingos y se levantan a las cuatro de la mañana los lunes para que la vida siga girando hacia la nueva vuelta. A darle que es mole de olla, suele decirse con resignado ánimo optimista.

Publicó su decreto el mandatario durante la tarde del miércoles para ser efectivo a partir del día siguiente a las siete de la tarde. En penumbras desde el jueves a las siete. A comprar caro en los pocos comercios que discrecionalmente quedaron abiertos.

De ese tamaño es consciente del lugar donde está parado. Sus asesores y operadores legales para el efecto: su secretario General, su coordinador de Gabinete y su secretario de Salud, de apellidos Mesta y Fernández, son hombres adinerados que si bien no desprecian los 150 mil mensuales que reciben de sueldo originado en el presupuesto público, tampoco les apura cobrarlo cada quincena y menos para hacer la despensa o pelear un espacio en la fila de un banco.

***

A estas horas de este domingo (si consideramos la lectura de esta columna, de las cinco de la mañana en adelante), Corral debe estarse despabilando sabrosito y corriendo las cortinas en su flamante habitación de hotel de cinco estrellas ubicado en alguna de las playas caribeñas de Quintana Roo.

Reír o llorar de coraje, pero así es. Debe disfrutar este momento porque carece de cargo de conciencia. No sufre de los agrios remordimientos producidos por la introspección ni la autocrítica.

Quedó demostrado el fin de semana que no tenía la menor intención de honrar su palabra y retirar el toque de queda una vez pasados los 14 días después del 4 de noviembre.

Nomás le faltó la grosería de aparecer en traje de baño para el anuncio de las nuevas medidas, dijo con humor negro un politólogo, periodista y potencial abogado de grandes ligas para eso de la cobrada cara en los litigios.

A regañadientes del sector privado y de la sociedad en general aceptó modificar el decreto desde Guadalajara y que su equipo operativo liberara una edición extraordinaria del Periódico Oficial del Estado (POE) en viernes. Aparece formalmente miércoles y sábados.

Una gran cantidad de empresas y organismos gremiales de empresarios lanzó el martes un pronunciamiento hacia todos los niveles de gobierno exigiendo la reapertura del sector económico y “piso parejo”... “Si el cierre aplica solo a los comercios pequeños y medianos (PYMES) será un daño severo para todo el sector local que sí cumple, y que lo pone en desventaja frente a grandes almacenes nacionales que siguen operando...”, lamentaron.

Sabemos que Corral se puso iracundo con ese posicionamiento y no movió un solo dedo sobre el tema ni en las cruciales horas ni en los días siguientes. El mismo martes amaneció en la Ciudad de México.

Fue recibido allá en la banqueta por el secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Fue por asuntos ajenos a la contingencia sanitaria. Le pidió dinero para completar los sueldos de fin de año del personal de gobierno.

Ha propiciado la quiebra literal de las finanzas estatales por el pésimo manejo crediticio con la banca privada y pública. Más de 20 mil millones de pesos pagados solo en intereses y comisiones. Pero le extiende la mano a la Federación, a la que no se cansa de golpear.

El miércoles durante la mañana sostuvo una entrevista periodística también en México que nada tenía que ver con la problemática de salud y económica en Chihuahua. Regresó al estado antes de la comida, y después sostuvo varias entrevistas, incluida una cena, de carácter estrictamente político-electoral. Acumula gastos en viáticos por millones.

El jueves fue igual. Distintos voceros del gobierno oficializaron que el gobernador ofrecería un mensaje sobre lo que en la víspera fue denominado como cambio de semáforo a “rojo matizado”, o retiradas las restricciones más severas, justo como el toque de queda sábados y domingos. Ni por respeto a su propia investidura salió Corral al menos para justificarse.

La realidad es que estaba el señor muy enojado y no tenía intenciones de cambio para este fin de semana. De hecho fue rebasado por las circunstancias, muchos microempresarios ambulantes regresaron a sus puestos y anunciaron el jueves por la noche su reapertura grandes supermercados considerados esenciales.

Entre los alcaldes, el juarense Armando Cabada exigía ser incluido en el Consejo de Salud para al menos externar sus puntos de vista. Los Centros Coordinadores Empresariales de Juárez y Chihuahua pidieron fueran “emitidas de inmediato las nuevas medidas”.

No quiso atender Corral Jurado su responsabilidad, así que la sociedad tomó la iniciativa y recuperó la autoridad que le corresponde. Como político debió haber intuido que así ocurriría, pero no lo vio venir porque estaba muy concentrado en la grilla electoral, en tratar de sobrevivir políticamente más allá de julio del 2021... en pasar un buen viernes en la Perla de Occidente y conseguir una cómoda guayabera blanca, bermudas y huaraches para su estancia en Cancún. En Chihuahua sus habitantes que le hagan como puedan.