Opinión

¿Qué nos está alimentando tanto odio?

¿Cuántos mexicanos han cometido alguna falta en el extranjero? ¿Cuántos internautas han tenido un resbalón en redes sociales? ¿O cuántos han sido agredidos por no haber tenido ni siquiera un leve tropezón?

Yuriria Sierra
Analista

sábado, 12 septiembre 2020 | 06:00

Ciudad de México.- ¿Cuántos mexicanos han cometido alguna falta en el extranjero? ¿Cuántos internautas han tenido un resbalón en redes sociales? ¿O cuántos han sido agredidos por no haber tenido ni siquiera un leve tropezón? ¿Cuántas personas han sido denostadas por su lucha? ¿Cuántos son agredidos sólo por lo fácil que resulta escribir un post? ¿Cuántos son “cancelados” por errores del pasado? ¿Qué nos está pasando? Me explico:

Desde luego que es reprobable, no hay excusa para los dos adultos que insultaron a trabajadores de limpieza en la colonia Condesa, en la CDMX. Sin embargo, en redes extrapolaron el asunto, pasó de un señalamiento de evidente discriminación a otro de total xenofobia. Que los agresores sean de nacionalidad argentina no tiene nada que ver con lo que hicieron que, insisto, es absolutamente reprochable. Si bien, la defensa que hicieron de los árboles para no ser podados derivó en otra agresión de un nivel igual de irracional; hasta un expresidente se subió a las ofensas y exigencias de que se aplique el artículo 33 constitucional. La lógica que a unos les hizo insultar a quienes sólo hacían su trabajo, fue la misma que hizo a los otros pedir su expulsión del país.

Fue lo mismo que ocurrió hace unos días con una joven en TikTok que se grabó bailando el Himno Nacional. Las redes ardieron, le recordaron la ley que protege los símbolos patrios; pero ella respondió con precisiones sobre esta legislación. El punto es que, incluso, recibió amenazas de muerte por quien, en teoría, se sintió ofendido por aquel material. De nuevo, la misma lógica de la ofensa como argumento. 

¿Qué nos está alimentando tanto odio? Es irracional en unos casos, aunque también se entiende como un signo de hartazgo en otros. Tantos videos de golpizas a delincuentes, no se lee de otra forma. Sí, demasiados robos, demasiados años de vivir con miedo, con sensación de absoluta indefensión, de ver pasar autoridades que nada hacen, de contarnos historias del horror, pero tampoco podemos entregarnos por completo a la violencia o el odio como estrategia de defensa.

Lo hemos visto con demasiada recurrencia. Ese odio, esa sinrazón. Mujeres que se expresan en la calle, en redes, que son perseguidas, casi siempre de manera anónima, pero con la finalidad de amedrentar su causa. Agresiones que van desde los insultos hasta las amenazas de muerte. Así ha sucedido a colectivos feministas, pero también a las madres que hoy están en pie de lucha en la CNDH. A Yesenia Zamudio, a Érika Martínez, las han denostado en redes sociales por quienes ponderan una pared, un cuadro, unas oficinas, por encima de un grito de justicia de miles de madres de familia.

Para la noche del jueves, se informó que el Instituto Nacional de Migración revisaba ya el estatus de los ciudadanos argentinos de los que hablamos al inicio de este texto. Una respuesta que parece ir más en dirección de las exigencias de lo políticamente correcto que a una sanción tomada para dar significado a lo que entendemos por moral o lo correcto. Si los expulsan, ¿cómo abonamos a la construcción de una mejor sociedad sólo afinando la guillotina?